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Margarita Robles veta a Ayuso en una jura de bandera: la moderada de Sánchez enseña su verdadera cara

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Margarita Robles tiene nombre de flor, pero en realidad es una planta venenosa. Hay plantas venenosas, como las adelfas, que dan flores muy bonitas y engañan al personal. Y a Margarita le pasa eso, no que sea muy bonita sino que engaña al personal. Va de moderada, de ser la ministra coherente e independiente dentro de ese coro de pelotas que es el Consejo de Ministros. La realidad es que no se salva ni uno. Ella tampoco. 

Lo hemos podido ver con claridad en Alcobendas, una próspera localidad gobernada por el PP en la zona norte de Madrid, pegada prácticamente a la capital. Ahí, por ejemplo, se levanta la lujosa urbanización de La Moraleja. Y ahí es donde Margarita Robles se ha quitado la careta y ha enseñado las garras: prohíbe a Ayuso presidir una jura de bandera civil en el ayuntamiento de esa localidad en colaboración con la Brigada XII.

Así, por su jeta, porque le cae mal la presidenta de la Comunidad de Madrid o porque no le gusta su color de pelo o porque quiere hacerle la pelota a Pedro Sánchez. Porque le da la gana, en definitiva, porque es una sectaria. El ministerio de Defensa, según confirman desde el ayuntamiento de Alcobendas, ha dicho literalmente que "si Ayuso acude, la alcaldesa no presidirá el acto junto al general de Brigada y en ningún caso lo presidirá Ayuso". ¡Toma dosis de sectarismo y de prepotencia de Margarita, la flor venenosa!

Por suerte, la alcaldesa, Rocío García Alcántara, no cede. Aunque no presida la ceremonia, ella mantiene la invitación a Ayuso, quien también acudirá a pesar del veto de Margarita Robles. Lo único que va a conseguir la ministra es que vaya más gente y que se aplauda más a la presidenta madrileña. A ver si ella tiene las narices de ir también y comparamos el recibimiento a una y a otra.

La jura de bandera no es un capricho del Ayuntamiento de Alcobendas. Se da la circunstancia de que esta es la cuarta que organiza el ayuntamiento de Alcobendas con enorme éxito de público y que en uno de esos actos, hace siete años, juró bandera la propia Isabel Díaz Ayuso.

Ahora el odio ciega al sanchismo y nadie se escapa, nadie pone cordura. Margarita Robles es una más de la banda, una más poniendo ladrillos en el muro de Sánchez frente a la derecha, frente a media España. Margarita nos demuestra lo pequeña que es, no en estatura, que eso es lo de menos, sino en talla moral y personal.

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