enfoques del director
Conde-Pumpido y Zapatero, las manos negras que resuelven a Sánchez su problema con Puigdemont
Pedro Sánchez quiere llegar al final de la legislatura, verano de 2027, como sea. Y eso pasa por tener contentos a todos sus socios, porque necesita cada uno de sus votos. En especial, a Puigdemont. El prófugo ha sido el aliado que más guerra le ha dado, el más exigente —al menos de puertas para afuera—, el que más caro vende su apoyo. Si el inquilino de La Moncloa quiere seguir instalado allí, necesita cumplir dos requisitos: amnistía y referéndum.
Y para conseguirlo tiene trabajando en la sombra a dos personas clave para satisfacer las demandas de Puigdemont. Conde-Pumpido acaba de confirmar públicamente lo que ya era un secreto a voces: la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la amnistía estará lista antes del verano. Eso, traducido al español, significa que Puigdemont podrá volver a España este mismo verano a reírse en la cara de la justicia española y de todos nosotros, con el respaldo de Sánchez y de su fiel escudero, Cándido Conde-Pumpido. Estamos a punto de ver lo que parecía impensable. Lo más probable es que lo calculen de tal manera que el prófugo regrese cuando estemos en la playa, de vacaciones, para reducir un poco el ruido y el impacto.
Primer asunto, el de la amnistía, resuelto. Queda el segundo. Sánchez necesita aprobar presupuestos para 2026. Los de 2025 ya los damos por perdidos, pero para el año que viene necesita cuentas públicas, porque volver a prorrogar las actuales (ya prorrogadas) parece demasiado incluso para un tipo como él. Así que necesita el apoyo de Puigdemont, que ya le ha puesto precio. La amnistía es el pago por la investidura; eso se lo debía —o aún se lo debe— Sánchez. Ahora pide más, pide el máximo: un referéndum por la independencia.
Y para eso tenemos ya a Zapatero empleándose a fondo, allanando el camino. "Hay que ir al reconocimiento de la identidad nacional de Catalunya", decía este fin de semana en una entrevista en La Vanguardia que no es ni casual ni inocente. Presupuestos para 2026 a cambio de referéndum. En eso está Sánchez, usando a Zapatero como mediador o facilitador. El expresidente reconoce que tiene una muy buena relación con Puigdemont, un diálogo continuo y de fondo sobre este asunto.
El referéndum tiene un grave problema. Bueno, tiene muchos, pero uno por encima de los demás: es inconstitucional. También lo es la amnistía, pero para eso está, al final del camino, Conde-Pumpido y la mayoría sanchista del Tribunal Constitucional, para ponerle el sello y validar cualquier aberración que se le ocurra a Sánchez y que necesite para seguir en el poder.
Así de sombrío es el panorama de España. Nadie nos ha preguntado sobre estos asuntos, nadie lo llevaba en su programa electoral, pero da igual; Sánchez lo impone usando las instituciones a su antojo. Es un verdadero peligro para nuestro país.