ESdiario

la mirilla

El victimismo de Sánchez y las putas de Ábalos

El ex ministro de Transportes, José Luis Ábalos, a su salida del Supremo el pasado mes de febrero.

El ex ministro de Transportes, José Luis Ábalos, a su salida del Supremo el pasado mes de febrero.

Creado:

Actualizado:

Por mucho que Pedro Sánchez se vista de paladín contra la corrupción cada vez que habla, los casos que asedian al PSOE empiezan a parecer una epidemia más que una excepción. La gangrena ha entrado por los pasillos de Ferraz y amenaza con devorarlo todo. Incluida La Moncloa. El presidente, que tanto presume de regeneración, se ve ahora cercado por los escándalos que él mismo decía haber desterrado.

Ahí está el “caso Koldo”, que ya no es solo el escándalo de un asesor desleal, sino el reflejo de una estructura donde el amiguismo y las comisiones se movían con la impunidad de quien se cree intocable, ya que estaba a la sombra del todopoderoso amigo de Sánchez, su dos en el partido y ministro de Transportes, José Luis Ábalos. Los despachos ministeriales servían para hacer sucios negocios. Los amigos de Sánchez utilizaban Paradores, dirigido entonces por el hoy ministro Óscar López, para llevar putas en furgonetas para juergas en plena pandemia.

Pero el cerco no acaba ahí. La propia mujer de Sánchez, Begoña Gómez, es objeto de una investigación judicial que, más allá de su desenlace, va dejando una nube espesa de sospecha sobre el entorno presidencial. Ahora sale la “Presidenta” en las coplas corruptas como “conseguidora” (“Hidalgo acaba de llamar a Begoña”) del rescate millonario de Air Europa. La mancha ocupa todo el vestido ya. 

Y, además, a todo ello hay que añadir el caso del Fiscal General del Estado, filtrando datos privados de un particular para perjudicar a una rival política como Isabel Díaz Ayuso. ¿Persecución política? Cada día es más insostenible esconderse tras ese burladero. Sobre todo, cuando uno gobierna desde la soberbia, el victimismo deja de surtir efecto. Según una encuesta realizada por GAD3, más de la mitad de los españoles considera que el mandamás socialista es responsable de los casos de corrupción que pudieran existir en su partido.

Mientras tanto, Pedro Sánchez, una y otra vez, con descaro, habla de una lucha “implacable” contra la corrupción. Lo dice con rostro serio, casi con tono de mártir. Pero su problema no es el relato. Es la realidad. Y esa, tozuda, le estalla entre las manos. Porque la corrupción, señor presidente, no se combate con frases huecas ni promesas recicladas. Se combate con ejemplaridad. Y de eso, en el PSOE de hoy, queda más bien poco. A. M. BEAUMONT

tracking