Ho Chi Minh destapa la hipocresía de Sánchez (y Zapatero) como adalides de la “memoria histórica y democrática”

Pedro Sánchez realiza una ofrenda floral en el mausoleo de Ho Chi Minh durante su visita a Vietnam.
El pasado miércoles, el Presidente de España, Pedro Sánchez, rindió homenaje ante las autoridades vietnamitas –y la de no pocos españoles atónitos– al genocida Ho Chi Minh, quien fuera líder de la revolución vietnamita, primer Presidente y Primer Ministro de la República Democrática de Vietnam entre 1945 y 1969.
Ho Chi Minh fue el responsable directo o indirecto de los asesinatos de cientos de miles de vietnamitas, camboyanos y laosianos (algunos investigadores hablan de millones). Solo entre 1953 y 1956 provocó el asesinato de decenas de miles de vietnamitas durante su “reforma agraria”.
Sorprende que quien se ha erigido como adalid de la “memoria democrática” se comporte tan desmemoriado respecto a uno de los más egregios genocidas reconocido por la comunidad internacional. Tras el viaje a Vietnam se propone visitar China en un alarde de inoportunidad política tras la guerra comercial entre ésta y EEUU. Desconozco si también rendirá honores oficiales a Mao Zedong en su mausoleo de la Plaza de Tiananmén. Pero ya entrados en harina podía hacerlo y, de paso y de un plumazo rendir homenaje al victimario de más de 70 millones de víctimas.
Según la página web de La Moncloa, es la primera vez que un Presidente del Gobierno de España visita el país asiático. ¡Vaya estreno! Desconozco el nivel de conocimiento del Presidente sobre historia contemporánea pero es de suponer que alguien de sus cientos de asesores los tendrá.
Deduzco, pues, que el homenaje a Ho Chi Minh ha sido intencionado. Se da la casualidad de que Vietnam está de celebración del 50 aniversario del “fin de la guerra y la unificación de Vietnam” –si bien esta unificación se produjo el 2 de julio de 1976 (en esto de bailar fechas parece que coinciden ambos mandatarios)–, y de que en España, el Gobierno de Sánchez también está de celebración del 50 aniversario de una “España en Libertad” que, paradojas de la vida y a tenor del aniversario, comienza con un presidente franquista en el Gobierno, Carlos Arias Navarro, que lo fue entre el 31 de diciembre de 1973 y el 2 de julio de 1976 (por cierto, el mismo día de la unificación de Vietnam). Es lo que ocurre cuando se adulteran las efemérides. No soy yo amigo de fantasmas ni conjuras, pero a mi que aquí ha habido una confabulación en tanto que ninguno de los dos gobernantes han atinado con las fechas de celebración.
Paradojas aparte, Pedro Sánchez ha “(he) expresado la cercanía del pueblo español con una ofrenda floral en el monumento a sus héroes y una visita al mausoleo del presidente Ho Chi Minh”. Espero, al menos, que sea consciente de que en nuestro nombre (el de todos los españoles) ha rendido homenaje a un genocida reconocido.
Resulta singularmente llamativo que para Sánchez (y Zapatero) les sea inconcebible que un socialista pueda ser un genocida (Vietnam se configuró como una república socialista en tiempos de Ho Chi Minh). Pero sería de agradecer que no nos hicieran partícipes de sus particulares aficiones idolátricas. El homenaje a Ho Chi Minh es un despropósito sin parangón, además de por su sectarismo político por su significativa deriva historiográfica.
El acto de respeto de Pedro Sánchez a Ho Chi Minh en paralelo a la inefable “Ley de memoria democrática” –antes memoria histórica– ha puesto de manifiesto la gran hipocresía de quien nos gobierna. Y es que, en su malhadado sectarismo de no contar los hechos como son sino como les hubiera gustado que fueran denota un profundo y retorcido revanchismo idiosincrásico.
No sé de donde les viene, pero sí adonde les llevará: a la más profunda irrelevancia política. Aunque es posible que nunca hayan aspirado a tan alta consideración. En lo que dure el Gobierno de Pedro Sánchez el daño se irá acrecentando y el que le suceda lo habrá de enmendar. Mientras tanto, gracias Ho Chi Minh y descansa eternamente.