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El cinismo del Gobierno de Sánchez ante la muerte del Papa Francisco

No es un secreto que el Ejecutivo ha promovido políticas y gestos que chocan frontalmente con la sensibilidad católica

Pedro Sánchez con el Papa Francisco

Pedro Sánchez con el Papa FranciscoMario Tomassetti

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La muerte del Papa Francisco, un pontífice que marcó época por su humildad y su defensa de los más vulnerables, ha sido recibida con un luto oficial de tres días decretado por el Gobierno de Pedro Sánchez. Sin embargo, la comparecencia del ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, con corbata negra y un tono de afectación, resulta difícil de creer. Este Gobierno, que se ha caracterizado por su hostilidad hacia la Iglesia Católica y los valores cristianos, parece aprovechar la tristeza colectiva para un ejercicio de oportunismo político.

No es un secreto que el Ejecutivo de Sánchez ha promovido políticas y gestos que chocan frontalmente con la sensibilidad católica. Desde la retirada de crucifijos en actos oficiales hasta la ausencia de felicitaciones navideñas a los cristianos –mientras celebra el Ramadán–, pasando por el reconocimiento del aborto como un derecho, el ataque a la enseñanza concertada -mayoritariamente católica- o las tensiones con la jerarquía eclesiástica, el PSOE ha cultivado una imagen anticlerical. Ahora, sin embargo, se visten de luto y ensalzan a Francisco, al que intentan pintar como un Papa “de izquierdas” o afín a su ideología. Este intento de apropiación no solo es deshonesto, sino que ignora la universalidad del mensaje de Francisco, que trasciende a etiquetas políticas.

La declaración de luto y las palabras de Bolaños, que incluso se atreve a sugerir el rumbo que debería tomar la Iglesia, parecen más un cálculo político que un sentimiento genuino. En un contexto de creciente aislamiento parlamentario, con unos Presupuestos estancados y la sombra de la corrupción planeando sobre el entorno de Sánchez, la muerte del Papa ofrece una distracción conveniente. Subirse a la ola de duelo global permite al Gobierno desviar la atención de sus problemas y proyectar una empatía que no ha demostrado antes con los católicos españoles.

El legado de Francisco merece respeto, no manipulación. Los ciudadanos no son ingenuos: el luto impostado de este Gobierno no engaña a nadie.

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