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Miguel García Caba

Doctor en Derecho. Profesor Universitario. Ex de Real Madrid, LaLiga y RFEF

Todos sabían lo que eran. Y decidieron demostrarlo

Javier Tebas, presidente de LaLiga

Javier Tebas, presidente de LaLigaOscar J. Barroso

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Los árbitros hablaron. Y no dijeron nada. Sólo confirmaron lo que el mundo entero ya sospechaba.

Animadversión. Hostilidad. Desprecio apenas disimulado. Veinticuatro horas antes de una final. Micrófono en mano. Y la imparcialidad ya enterrada.

Una rueda de prensa que no aclaró nada. Pero dejó claro todo. El árbitro ya no pita. Milita.

Y al fondo, inevitable, Javier Tebas. Apuntándose a todo lo que huela a anticuerpo contra el Real Madrid. Aunque sea a costa del arbitraje. Aunque sea a costa de la decencia.

Tebas, el presidente que escribe manifiestos en Twitter como quien garabatea servilletas. Sin ortografía. Con emoticonos de saldo. Con la profundidad de quien nunca entendió que la dignidad no se tuitea.

Dice que el Madrid no protesta, presiona. Que no discrepa, castiga. Que no quiere mejorar el fútbol, quiere su fútbol.

Y es curioso: Porque nadie ha presionado más que él. Nadie ha castigado más que él. Nadie ha querido nunca tanto que todo le perteneciera.

  1. Tebas no defiende el fútbol. Se sirve de él. No respeta a los árbitros. Los instrumentaliza.

Quiere respeto. Pero sólo conoce la intimidación. Quiere ser imprescindible. Pero ya es irrelevante. Gobierna con miedo. Porque sin miedo, no gobierna.

Ahora el miedo se ha roto. Los árbitros ya no asustan. Y Tebas ya no manda. Sólo chirría. Entre faltas de ortografía. Entre emoticonos ridículos. Entre frases que no perdurarán ni en la memoria de sus propios aliados.

Se acabó. Ya no queda poder. Sólo queda el personaje. Solo. Tuiteando para sí mismo. Mientras el fútbol lo olvida con la indiferencia reservada a los que nunca supieron estar a la altura.

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