La libertad de expresión, odiada por la corrupción

Examen Periódico Universal (EPU) en la sede de la ONU en Ginebra
Es un tema del que hablaré más adelante reivindicando mi derecho como columnista de opinión a expresar lo que creo injusto, sin trabas ni obstáculos. He vivido situaciones rocambolescas en un hospital privado gallego con actitudes prepotentes, amenazas, difamaciones y faltas de respeto a mi sentir y mi verdad. Actitudes de servilismo de muchos trabajadores que unos son el topo de informaciones y otros coaccionados por peligro de quedarse sin trabajo.
Es una carencia de ética cuando se trata de enfermos que requieren cuidados y no amenazas ni coacciones a seguir tratamientos dañinos para su salud. Debe haber un consenso, el consentimiento informado y solo el enfermo, en derecho de su libertad, lo acepta o no. De este tema escribiré con holgura.
Sucede en política y en hospitales que con amenazas quieren limpiar y ocultar sus trapos sucios y malas prácticas. Por eso se manipula, se difama y cerca a quien descubre la verdad de hechos que son delictivos y carentes de respeto como la calumnia y la mentira. El autoritarismo es de las dictaduras y nosotros vivimos en democracia y nuestro deber ético y moral es denunciar y comunicar lo anómalo y el pisoteo de un ser humano vulnerable y enfermo.
El abandono de una persona y máxime si es mayor es maltrato. Mi verdad y lo que he vivido últimamente con gente cercana va a misa y debe ser reservada. Debemos luchar contra la corrupción de todo tipo y contra los atropellos de narcisistas y psicópatas que no deberían ocupar puestos directivos ya que sus rasgos de personalidad son dañinos y afectan a demasiadas personas que requieren el máximo de los respetos y cuidados. Esta carencia de empatía tan imprescindible es un claro motivo para cambiar de directivo. Más claro, agua.