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La lona de Hazte Oír y el reflejo de un Gobierno que no tolera la crítica

La acusación de corrupción contra Sánchez, dura pero legítima, forma parte del debate político. Que el Gobierno actúe con celeridad para silenciarla, recurriendo a la Policía Nacional y los bomberos de noche, sugiere una alergia al disenso

Pancarta desplegado frente al Congreso de los Diputados en la que Hazte Oír acusa al presidente del Gobierno de

Pancarta desplegado frente al Congreso de los Diputados en la que Hazte Oír acusa al presidente del Gobierno de "corrupto".

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La lona de Hazte Oír frente al Congreso, que tildaba de “corrupto” a Pedro Sánchez, duró menos de 24 horas. Retirada con nocturnidad por los bomberos, en cumplimiento de un auto judicial, este episodio refleja la intolerancia del Gobierno ante la crítica. La rapidez de la actuación, sumada al respaldo de la Fiscalía a la retirada alimenta sospechas sobre la imparcialidad de las instituciones. Hazte Oír ha anunciado que recurrirá ante la Audiencia Provincial de Madrid, defendiendo su derecho a expresarse.

No es la primera vez que esta organización choca con el poder. En 2017, su autobús con el mensaje “Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva” fue inmovilizado en Madrid por orden de la entonces alcaldesa, Manuela Carmena, acusándolo de incitar al odio. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid dio la razón a Hazte Oír, considerando que el mensaje, aunque polémico, estaba amparado por la libertad de expresión. La campaña pudo continuar, marcando un precedente clave.

El caso de la lona sigue un guion similar. La acusación de corrupción contra Sánchez, dura pero legítima, forma parte del debate político. Que el Gobierno actúe con celeridad para silenciarla, recurriendo a la Policía Nacional y los bomberos de noche, sugiere una alergia al disenso. La Fiscalía, en lugar de garantizar la legalidad, parece alinearse con el Ejecutivo, lo que erosiona la confianza en las instituciones.

La libertad de expresión es sagrada en democracia, especialmente cuando se critica al poder. Los ciudadanos deben poder manifestar su desacuerdo sin temor a represalias. Limitar estas voces, ya sea por censura o presión institucional, debilita el sistema democrático. Hazte Oír, con su recurso, defiende no solo su mensaje, sino el derecho de todos a hablar libremente. En una democracia sana, es preferible pecar por exceso de crítica al poder que por defecto. Solo así se garantiza que el Gobierno rinda cuentas a los ciudadanos, y no al revés.

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