enfoques del director
Los pelotas de Sánchez salen a defender a su hermano David: ¿Qué pintan Bolaños y Montero ahí?
María Jesús Montero y Félix Bolaños han salido en tromba a cuestionar a la jueza Beatriz Biedma por abrir juicio oral contra David Sánchez Pérez-Castejón, el hermano del presidente. Sin conocer el sumario, lanzan juicios de valor, tildando de “prisas” la decisión judicial y alimentando la narrativa de una supuesta “cacería” contra el entorno de Pedro Sánchez. ¿Qué pintan dos ministros de peso defendiendo a un ciudadano particular? Nada, salvo que su lealtad mal entendida al jefe les nuble el juicio.
No les pagamos para que actúen como abogados defensores de David Sánchez ni de Begoña Gómez. Su función es servir al país, no blindar al entorno familiar del presidente. Cuestionar a una jueza que ve indicios de tráfico de influencias y prevaricación en el caso de un puesto presuntamente creado para el “hermanísimo” en la Diputación de Badajoz es, cuanto menos, irresponsable. Desde su posición de poder, estas declaraciones no son meras opiniones: son ataques que erosionan la confianza en la justicia y buscan condicionar el proceso.
Bolaños, ministro de Justicia, debería ser el primero en respetar la independencia judicial, no en insinuar que la jueza actúa con motivos espurios. Montero, por su parte, repite el guion de la “persecución” sin aportar pruebas, solo consignas. ¿Han leído el sumario? Seguramente no. ¿Conocen los detalles de la investigación? Tampoco, eso seguro. Entonces, ¿por qué opinan? Porque su prioridad no es la verdad, sino proteger al líder a toda costa.
Este Gobierno, que se llena la boca con la defensa del Estado de derecho, cae en la incoherencia cuando los jueces tocan a los suyos. Los ciudadanos merecemos ministros que trabajen por el bien común, no que gasten energías en defender a familiares de Sánchez o en deslegitimar a quienes investigan. Si David Sánchez es inocente, que lo demuestre el tribunal, no los corifeos de Moncloa. Basta de peloteo: que Bolaños y Montero se dediquen a gobernar, no a tapar las vergüenzas de su jefe.