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La impunidad de la Cosa Nostra de Sánchez

Miguel Ángel Gallardo y Pedro Sánchez, el pasado mes de enero en Plasencia.

Miguel Ángel Gallardo y Pedro Sánchez, el pasado mes de enero en Plasencia.Carlos Criado

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La democracia española atraviesa un tiempo sombrío. Tan sombrío que ya nadie se molesta en disfrazar el poder con principios o con decoro. Lo de Gallardo en Extremadura no es una excepción, es solo el último capítulo de una historia que apesta. Y no por inesperado, sino por burdo.

El movimiento es quirúrgico, casi de manual del perfecto jeta: cinco socialistas renuncian a su escaño en la Asamblea extremeña para que Miguel Ángel Gallardo, investigado por corrupción, a toda prisa pueda entrar como diputado autonómico. ¿El objetivo? Blindarse. Lograr aforamiento. Es decir, sacar su causa del juzgado que lo investiga y enviarla al Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, donde —ya saben— el ecosistema es más “amable”. ¿Y el envoltorio? Otra dosis de cinismo institucional: “No se puede renunciar al aforamiento”, dice Gallardo con cara dura y pide un pacto con el PP para acabar con los aforamientos. ¿Nos toman por tontos o es que ya ni se molestan en fingir?

No hay que ser malpensado para entender que la jugada sirve para protegerse él… y también para blindar al hermano del presidente del Gobierno, David Sánchez. Porque el caso que investiga su fichaje en la Diputación de Badajoz apunta al corazón del sanchismo: un sistema de poder que no solo quiere gobernar, sino que necesita controlarlo todo. También los juzgados. También las togas.

Y mientras Gallardo se afora, se inician guerras sucias para desacreditar a la UCO de la Guardia Civil, se señala a los jueces incómodos, se demoniza a los fiscales que no se dejan domesticar. Y se defiende, contra toda lógica democrática, al fiscal general del Estado, imputado por filtrar datos confidenciales sobre la pareja de Ayuso. ¿Pero esto qué es? ¿Una democracia o una parodia bolivariana con acento castizo?

Porque lo grave ya no es lo que hacen. Es el descaro con que lo hacen. Sin rubor. Sin disimulo. Como si la ciudadanía no tuviera ni derecho al enfado. Como si un eslogan de La Moncloa pudiera borrar el olor del deterioro institucional.

La impunidad ya no es una consecuencia del poder. Es su estrategia. A Gallardo lo aforan; a la jueza se le aparta; a los guardias civiles se les purga; y al fiscal se le protege. Todo a plena luz. Todo con una sonrisa. Todo “por el bien de España”, faltaría más.

Y así estamos: con un país cada vez más indefenso frente a los abusos, y con un Gobierno que confunde oposición con obstáculo, justicia con amenaza y crítica con traición. Aquí no se rinden cuentas: se protege al clan y se castiga al que molesta. El mensaje es claro: quien se atreva a investigar, que se prepare. Quien levante la voz, que se despida. Y luego nos hablarán de normalidad democrática. Esto es la Cosa Nostra. 

A. M. BEAUMONT

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