El coche de Sánchez

Pedro Sánchez, con su 'afamado' coche
Los aplaudidores oficiales de Pedro Sánchez no dejan de repetir la “hazaña” que hizo en su momento para volver a la secretaría del partido socialista, y elogian el viaje en un Peugeot de cuatro personajes, Pedro Sánchez, Koldo, Santos Cerdán y Ábalos, dos de ellos imputados por corrupción, un tercero a punto de que salga un informe de la UCO sobre sus andanzas, y el Presidente Sánchez cuya sombra planea en todos estos casos investigados por la guardia civil y los juzgados.
La verdad que ese viaje en el Peugeot será recordado como el viaje de los imputados, viaje al que se han ido añadiendo toda una serie de personajes cada vez más oscuros y corruptos como la “sicaria” Leire Díez, que se movía en las cloacas como su hábitat natural. Pero no es la única miembro del viaje del “grupo del coche” que conoceremos, ya que, seguramente, irán saliendo nuevos protagonistas de este viaje siniestro que llevó a Sánchez a la Moncloa, convirtiendo la sede presidencial en una verdadera cueva de “Alí babá”.
Sinceramente es tremendo escuchar al que fue líder socialista de Madrid Tomás Gómez recordando que el viaje de Sánchez comenzó con un acto de corrupción, como fue que escondiera detrás de una cortina una urna con votos falsos para ganar las elecciones a secretario general socialista. Por eso no podemos extrañarnos conocer todas las trampas y actos mafiosos que la “banda” ha podido realizar desde ese día.
Sabíamos que Sánchez es capaz de cualquier cosa por mantenerse en el poder. Pero da escalofríos escuchar los audios en los que unos “sicarios” dicen expresamente que lo mejor que podía pasar era la muerte de un guardia civil, o que debían difundir vídeos comprometedores contra un fiscal, o que se estaban organizando tramas para acabar con los jueces que investigan al hermano y a la mujer de Sánchez. Sobre todo es tremendo pensar que volvemos a escuchar amenazas contra servidores públicos como ocurría en la década de los ochenta del pasado siglo, cuando grupos terroristas empleaban ese lenguaje para acabar físicamente con policías, guardias civiles, jueces y fiscales.
En el coche de Sánchez, a medida que vamos conociendo los personajes que van subiendo desde el viaje inicial en 2017, flota cada vez más un olor nauseabundo que se va extendiendo por los escaños del Congreso, porque las cloacas están llenas y las cañerías no soportan más basura. Ese pesimismo se va notando en las lúgubres caras de los diputados socialistas sobre todo cuando leen las declaraciones de honestos socialistas, arrinconados por su espíritu democáticoque supone , como Nicolás Redondo, el expresidente aragonés Lambán, Joaquín Leguina o Felipe y Guerra, que denuncian las actitudes mafiosas de los actuales dirigentes del socialismo español.
Pero lo más preocupante es que ante situaciones menos graves, tanto Felipe González como Zapatero disolvieron las Cortes para que los españoles nos pronunciáramos y oxigenar la vida política, dando paso a un nuevo gobierno. Pero Sánchez no tiene los valores democráticos que incluso Zapatero puso de manifiesto, quién lo iba a decir, porque sabe que su realidad no es solo perder el poder sino dejar al descubierto a una trama muy peligrosa que ha ido creciendo desde su viaje en coche el año 2017.
Ese es el drama de nuestro actual momento democrático, ya que tenemos un gobierno con pánico a perder el poder por las responsabilidades judiciales que pueden transcender sin la protección que les da tener el BOE, y ese pánico confluye con unos partidos independentistas y radicales que saben que mantener a Sánchez es sinónimo de obtener ventajas y debilitar la democracia española que en definitiva es lo que están pretendiendo desde hace años.
Sin duda veremos el fin de la banda del coche de 2017, pero el precio a pagar va a ser alto porque están saltando todos los controles democráticos y será muy difícil volverlos a colocar en su sitio, ya que será necesario volver al espíritu de la transición que reconstruyó los puentes entre los españoles derribando muros de décadas de enfrentamiento, porqué como dijo Adolfo Suárez una mayoría de ciudadanos “desean hablar un lenguaje moderado, de concordia y conciliación”, y la concordia solo puede lograrse derribando el muro creado por las cloacas que empezaron a construirse en el viaje en coche de Sánchez, Koldo, Ábalos y Santos Cerdán el año 2017.