la mirilla
El bochornoso banquillo de Sánchez

Pedro Sánchez y el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, en una fotografía tomada en septiembre de 2022.
Un fiscal general en el banquillo. Un Gobierno que ni se inmuta. Y un presidente que lleva más de 40 días sin aceptar una sola pregunta. No es una serie de Netflix. Es España. Es la historia de mantener el poder a cualquier precio. Álvaro García Ortiz, el hombre de confianza de Sánchez, procesado por el Supremo. ¿El delito? Revelación de secretos. ¿El motivo? Ganar el relato. Eso sí: perdiendo los papeles.
Filtró un correo privado del abogado de la pareja de Ayuso para perjudicar a una rival política. Lo hizo —según el juez— siguiendo “instrucciones de Presidencia del Gobierno”. En una democracia seria esto habría costado el cargo a García Ortiz. Aquí, cuesta un tuit de apoyo del PSOE y cuatro más de los sanchistas que se sientan en el Consejo de Ministros. El poder no solo no da explicaciones. Se protege con el silencio. La deriva autocrítica sigue su camino, paso a paso para que se digiera mejor.
La Fiscalía no es la correa del Gobierno. O no debería serlo. Pero este régimen ya no se esconde. Coloniza, corrompe, destruye instituciones, infiltra, manipula. Y si alguien critica o investiga… se le filtra, se le ataca, se le deshumaniza, se le arruina. El problema ya no es un fiscal general. Es un sistema que se ha vuelto ciego, mudo y cómplice. Y un presidente que lo ve todo… y no dice nada, pero su dedo índice sentencia revestido de “Gran Timonel”.
A. M. BEAUMONT