editorial
El desprestigio de Sánchez toca techo: usa a la OTAN para tapar su corrupción
La exigencia de incrementar el gasto en defensa al 5% del PIB ha sido recibida con resistencia por el Ejecutivo, una postura que no solo debilita la posición de España

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión de control al Gobierno en el Senado
El Gobierno de Pedro Sánchez atraviesa una tormenta perfecta de desprestigio, tanto dentro como fuera de España. A los escándalos de corrupción que asedian al PSOE y al propio presidente se suma ahora un creciente aislamiento internacional, fruto de su enfrentamiento con la OTAN. Esta combinación de opacidad interna y desdén externo ha llevado su credibilidad a mínimos históricos, exponiendo a España a un peligroso ostracismo global.
Los casos de corrupción que rodean a Sánchez no son nuevos. Desde investigaciones sobre el entorno socialista hasta sospechas que afectan a personas cercanas al presidente, la sombra de la irregularidad se alarga, erosionando la confianza de los ciudadanos. Estos escándalos trascienden fronteras y son observados con preocupación por nuestros socios internacionales, que ven en España un Gobierno debilitado por la falta de transparencia. La imagen de un Ejecutivo bajo sospecha constante no pasa desapercibida en Bruselas, Washington o Berlín.
A esta crisis interna se añade el desafío de Sánchez a la OTAN. La exigencia de incrementar el gasto en defensa al 5% del PIB ha sido recibida con resistencia por el Ejecutivo, una postura que no solo debilita la posición de España en la Alianza Atlántica, sino que proyecta una imagen de país poco comprometido con la seguridad colectiva. Sin embargo, esta negativa parece responder también a un cálculo político interno. Sánchez, consciente del rechazo histórico de la izquierda española a la OTAN, podría estar buscando un enfrentamiento deliberado para ganarse el aplauso de su base electoral más ideologizada. Este tacticismo, que prioriza el rédito político doméstico, pone en riesgo la credibilidad internacional de España ante sus aliados.
El resultado es un doble daño: un país aislado en el escenario global y un Gobierno desprestigiado por la corrupción y el oportunismo. España no puede permitirse un liderazgo que dilapide su prestigio por cálculos electorales. Sánchez ha tocado techo en su desprestigio; urge un cambio que restaure la confianza y el peso internacional de nuestro país.