La droga del poder
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante un pleno extraordinario en el Congreso de los Diputados.
Se han propuesto despellejarlo vivo, o más bien, dejar de él solo el pellejo, y a tenor de lo que estamos viendo parece que lo van a conseguir. Y no son precisamente sus rivales políticos, ni los jueces, ni la UCO, sino esos que le han convertido en un mercenario de votos, capaz de morir y matar a cambio de un humillante salario en escaños.
Siempre se ha dicho que el poder desgasta incluso cuando lo utilizas pensando en el bien común. Les pasa a todos los que lo han ejercido en algún momento y a los que hemos visto encanecer en poco tiempo. Pero cuando se convierte en una adicción, cuando por conseguirlo o mantenerlo vendes la cubertería de tu madre, vacías la libreta de los hijos y te juegas a tu mujer en una timba, ese poder ya no es que desgaste, es que te consume como cualquier droga que se precie.
Depender de tu camello supone que él cada vez te pedirá más a cambio de darte menos y que cuando dejes de interesarle te dará una patada en el culo para buscar clientes más provechosos.
Echarle la culpa de las ojeras- de las fingidas a golpe de maquillaje y de las de verdad- a quienes verbalizan, denuncian y ponen en evidencia lo que está pasando no cuela, como tampoco cuela hacerse la víctima. Lo saben muy bien en Proyecto Hombre, en Alcohólicos Anónimos o en Políticos Enganchados si existiera una ONG dedicada a estos menesteres, que, dicho sea de paso, le vendría como botijo en el desierto a alguno cuyo rostro demacrado lo está pidiendo a gritos. Ahí lo dejo.