Sánchez, el okupa del Estado

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
El Falcon no descansa. Ni el helicóptero. Ni las fincas del Estado. Para Pedro Sánchez, lo público no es de todos. Es suyo. Un presidente que acapara sin recato el aparato estatal.
Esta semana se ha montado una campaña contra Ayuso por pasar un fin de semana en un chalet de la Comunidad de Madrid. “Me llevé mi comida”, dijo. Y aún así, le atizaron. ¿Y Sánchez? Semana sí, semana también, veraneando en La Mareta, en Doñana, en Quintos de Mora… con cargo al contribuyente.
La hipocresía es obscena. Pero la estrategia está clara: embarrar, acusar, confundir. El PSOE de hoy no se defiende. Ataca. No se explica. Señala.
Y todo mientras España está con un Gobierno de retales. El Congreso cerrado. Los Consejos de Ministros sin apenas contenido. Ni una ley relevante. Ni un plan. Ni una reforma. Solo propaganda. Y llegar a las vacaciones.
Eso sí, el poder judicial bien amordazado. Los medios públicos al servicio de la causa. Y la Fiscalía, muda, mientras la UCO sigue sumando nombres propios: Ábalos, Koldo, Tito Berni, Salazar, la esposa, el hermano…
Sánchez ya no oculta el guirigay. Lo decora. Con helicópteros, ruedas de prensa vacías y ataques de distracción.
Y cuando no basta con tapar en casa, se va fuera. Esta semana, nuevo tour por América para fotografiarse con Lula y otros mandatarios de esos que admira el “progresismo”. Tras sus últimos tropezones en Europa, busca en el extranjero el aplauso que ya no encuentra aquí. Un escaparate sin preguntas, sin oposición y sin UCO.
Que nadie se equivoque: no es que no gobierne. Es que ya solo ocupa el poder. Y eso sí, no lo suelta ni con agua caliente.
A.M. BEAUMONT