editorial
Sánchez y Yolanda Díaz, enésima crisis: la energía nuclear resquebraja al Gobierno
El apagón, que dejó a millones sin luz y causó cinco fallecidos, expuso las vulnerabilidades del sistema eléctrico español. Aunque Sánchez niega que la crisis se deba a la falta de nuclear o al exceso de renovables, la oposición señala la dependencia de fuentes intermitentes

La vicepresidenta Yolanda Díaz y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
El Gobierno de coalición entre PSOE y Sumar atraviesa una nueva tormenta, esta vez con la energía nuclear como epicentro. La posibilidad de prorrogar la vida útil de las centrales nucleares, planteada tras el apagón masivo de abril de 2025, ha desatado una fractura interna que amenaza la estabilidad del Ejecutivo. Yolanda Díaz, líder de Sumar, ha advertido que extender la operación de las nucleares violaría el pacto de coalición, mientras Pedro Sánchez, presionado por Junts y el PP, parece dispuesto a reconsiderar el cierre programado para 2035.
El apagón, que dejó a millones sin luz y causó cinco fallecidos, expuso las vulnerabilidades del sistema eléctrico español. Aunque Sánchez niega que la crisis se deba a la falta de nuclear o al exceso de renovables, la oposición señala la dependencia de fuentes intermitentes como un factor clave. La derecha, con el PP y Vox a la cabeza, aboga por mantener las nucleares como base estable, mientras el Gobierno insiste en acelerar la transición verde. Sin embargo, la realidad es tozuda: la red necesita modernización urgente y un equilibrio energético que no dependa de promesas utópicas.
La postura de Díaz, que evita aclarar si romperá la coalición, refleja la fragilidad de un Ejecutivo sostenido por alianzas inestables. Su rechazo visceral a la nuclear choca con la presión de socios como Junts, que ven en esta energía una vía para reducir costes en Cataluña. Sánchez, atrapado entre sus socios y la opinión pública, proyecta una imagen de indefinición que erosiona su liderazgo.
España no puede permitirse más bandazos. La crisis energética exige un debate serio, sin dogmas ideológicos, que priorice la estabilidad del suministro y la competitividad económica. La nuclear, que aporta el 20% de la electricidad, no es una solución eterna, pero descartarla sin un plan sólido es irresponsable. El Gobierno debe abandonar las disputas internas y trabajar en una estrategia energética coherente, o arriesga no solo su credibilidad, sino la paciencia de los españoles.