Sánchez esquiva a los españoles afectados y esconde su responsabilidad tras el cambio climático
Begoña Gómez y Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez ha vuelto a mostrar su alergia a la rendición de cuentas en medio de la tragedia, su reticencia a asumir responsabilidades cuando vienen mal dadas. Los incendios que han arrasado regiones de España, dejando a miles de ciudadanos en la desesperación, no han merecido ni una sola visita del presidente a los pueblos afectados. Ni un gesto de empatía, ni una palabra directa con los vecinos que han perdido sus hogares y medios de vida. El temor a un nuevo "momento Paiporta", donde fue abucheado por su tardía respuesta a las inundaciones, parece haberlo paralizado.
Sánchez ha preferido mantenerse a resguardo, lejos de las miradas de los damnificados y de sus preguntas incómodas.
Mientras las llamas devoraban el sustento de familias en Castilla y León, Andalucía o Madrid, el presidente optó por refugiarse en La Mareta, su retiro vacacional en Lanzarote. Solo cuando el clamor por su ausencia y su falta de liderazgo se hizo ensordecedor, Sánchez decidió interrumpir brevemente sus vacaciones para ofrecer una comparecencia fría y descafeinada. En ella, señaló al cambio climático como el gran culpable, eludiendo cualquier responsabilidad sobre la deficiente gestión de su Gobierno. La falta de prevención, la insuficiencia de recursos para los bomberos y la descoordinación entre administraciones son problemas palpables que no se resuelven con discursos grandilocuentes sobre el clima.
Los españoles merecen un presidente que dé la cara, que pise el terreno y escuche a las víctimas, no uno que se esconda tras excusas globales o en residencias de lujo. La burocracia que retrasa las ayudas y la ausencia de un plan integral de prevención agravan el dolor de los afectados. Sánchez debe dejar de culpar al cielo y asumir su responsabilidad. Mientras siga esquivando a los ciudadanos y priorizando su imagen, los españoles seguirán pagando el precio de su inacción y su falta de compromiso.