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Sánchez toca fondo: ataca a los jueces mientras adula a Puigdemont y se hará una foto con él

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La degradación moral de Pedro Sánchez está alcanzando cotas insospechadas. Es como un camión cuesta abajo y sin frenos, que va cogiendo cada vez más velocidad y resulta más complicado pararle. En esa caída libre, Sánchez, en menos de 12 horas, ha cargado como nunca contra los jueces que investigan a su esposa, a su hermano y a su fiscal general y ha enviado un mensaje adulador al presunto delincuente Puigdemont. La portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, ha dicho desde La Moncloa que Sánchez se reunirá con Puigdemont "con absoluta normalidad" e incluso deja abierta la posibilidad a que ese encuentro se produzca en el extranjero. Increíble, pero cierto.

La absoluta normalidad al parecer es reunirse y fotografiarse con un prófugo de la justicia, con un individuo al que en vez de estrechar la mano debería enviar ante el juez. Ese precisamente fue su compromiso electoral: hacer lo posible para entregar a Puigdemont a la Justicia española.

Pero Sánchez ahora le necesita y todo lo demás, absolutamente todo, es accesorio. Si Puigdemont le plantea un órdago, foto en Bélgica o adiós a La Moncloa, nadie duda de que un tipo como nuestro presidente claudicará y venderá la dignidad de España a cambio de un tiempo más en el poder. La visita de Illa parece que no satisface a los independentistas de Junts. Lo ven como un sucedáneo, como el especialista que rueda las escenas peligrosas del protagonista. Y ellos quieren que sea el actor principal el que grabe la escena. Tiene un punto de humillación que Sánchez, en su propio interés, aceptará sin dudarlo, porque ni tiene palabra ni tiene dignidad.

Bien mirado, la foto es lo de menos. Lo grave es la corrupción moral y política que supone comprarle a Puigdemont sus 7 votos en el Congreso para lograr la investidura de Sánchez a cambio de una ley de amnistía que él mismo Gobierno decía que era inconstitucional. Si ha sido capaz de pasar por ahí lo demás es pecata minuta.

Sánchez ve a los jueces que le investigan a él a su entorno como algo muy malo y perverso mientras convierte a Puigdemont en un interlocutor válido, en un socio. No tienen vergüenza. Sánchez no es digno de ser presidente del Gobierno de un gran país como es España aunque a veces, la verdad, da la impresión de que es lo que nos merecemos.

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