la mirilla
Sánchez apedrea a los jueces y llama a Feijóo irrespetuoso

El Rey Felipe VI recibió en audiencia al Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, en el Palacio de la Zarzuela este miércoles.
Arranca el año judicial este viernes, pero la solemnidad brilla por su ausencia. En lugar del discurso institucional que corresponde a la cita, hay pólvora política desde el primer minuto. Sánchez acusa a jueces y fiscales de actuar como si fuesen partidos por investigar a su esposa y a su hermano. Los señala en RTVE, repite la acusación en entrevistas internacionales y convierte la apertura del curso en un mitin político con togas como telón de fondo.
El fiscal general, Álvaro García Ortiz, llega procesado por revelación de secretos para perjudicar a una rival política del sanchismo como Ayuso. A un paso del banquillo, se presenta como si no pasara nada, protegido por un Gobierno que, en vez de pedirle explicaciones, lo blinda y lo convierte en mártir político. La separación de poderes, en versión Sánchez, consiste en que él manda y la Justicia obedece, mientras se reescriben las reglas del Estado de derecho desde los despachos de poder presidenciales.
Las asociaciones judiciales preparan un gesto de protesta. Silencioso, pero con un mensaje muy claro: el Poder Judicial no se arrodilla ante ningún Gobierno. No acepta que la independencia se ponga en duda para salvar la imagen del presidente ni que la justicia se convierta en moneda política de cambio. El Rey preside el acto, testigo serio e imperturbable de la tensión creciente. El respeto a la Constitución le amarra, aunque su expresión lo diga todo.
Feijóo ya ha anunciado que no estará presente. No es por falta de respeto al Jefe del Estado, como venden los tentáculos monclovitas, sino para evitar dar legitimidad con su presencia a lo que, incomprensiblemente, es un acto contaminado por la política y por el escándalo del fiscal general. El líder popular ha decidido no ser figurante en un escenario que el presidente ha convertido en otra trinchera frentista.
La justicia empieza el curso bajo fuego cruzado: Sánchez, al ataque como defensa desesperada, un fiscal que tambalea, unos jueces que ya no quieren callar y un país que asiste a la ruptura del último muro de contención institucional. El otoño político promete ser más que caliente: será un incendio con toga y con urnas en el horizonte.
A. M. BEAUMONT