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El fiscal se absuelve… y Sánchez calla

El Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz

El Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortizeuropa press

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Un fiscal general procesado que se absuelve a sí mismo y un presidente que calla. Álvaro García Ortiz usa a su número dos para firmar su propia absolución. La Fiscalía al servicio del sanchismo y La Moncloa en silencio cómplice.

García Ortiz ha convertido la Fiscalía en un chiste macabro. Procesado por revelación de secretos, para perjudicar a una rival política, ha delegado en su mano derecha lo que ningún Estado serio permitiría: pedir su absolución.

Nunca la degradación institucional llegó tan lejos. El máximo garante de la legalidad se protege a sí mismo con toga prestada. La Fiscalía ya no defiende a los ciudadanos, se defiende de ellos.

El caso sería de risa si no fuese de una gravedad histórica. Un fiscal general sentado en el banquillo y, al mismo tiempo, redactando por delegación su absolución. La independencia de la Justicia hecha añicos.

Sánchez calla. Y su silencio lo convierte en cómplice. Como cuando se amparó en la amnistía, como cuando blanqueó a Bildu, como cuando se entregó a Puigdemont. Cada institución que toca, la contamina. No tiene límites.

La Fiscalía no es de García Ortiz ni del PSOE. Tampoco de Sánchez. Es del Estado. Y el Estado no puede seguir siendo arrastrado por un presidente dispuesto a todo para resistir.

Cuando el fiscal se absuelve a sí mismo, Sánchez se sienta en el banquillo junto a él. Y España se hunde en la desconfianza.

A.M. BEAUMONT

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