Se acabó el espacio de centralidad política
Opinar distinto a ti, no es opinar contra ti

El primer ministro del Estado de Israel, Benjamin Netanyahu, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
Buenos días, feliz fin de semana. Nos vamos adentrando en octubre y nos acompaña ese veranillo de San Miguel, que este año nos llegó tarde. El agua del mar nos llega algo más fría que semanas anteriores, pero sigue estando apetecible. El azul del cielo empieza a tener esa tonalidad especial del otoño y las conversaciones “cabalgan” sobre un ritmo quizá nostálgico, porque esta estación es así, algo más triste.
A lo lejos descubro el gracioso cuerpo de Marian, sigue teniendo esos andares rítmicos que acompañan a su sonrisa, elemento dominante de su cara y que se ve compensado por la serenidad de sus ojos color miel. Su mirada traslada la tranquilidad de espíritu necesaria para poder mantener una conversación profunda con ella. Nos conocemos hace décadas. Yo me fui haciendo mayor y ella… ella sigue siendo joven, apenas se le nota la madurez en la que debe estar metida. Marian lo atribuye a un maquillaje color “arena del desierto” que ha utilizado toda su vida y que es capaz de esconder cualquier irregularidad en la piel. Como ella misma dice, entierra las arrugas en las arenas. Encontramos mesa para sentarnos en “El Café” e intentamos ponernos al día de cómo van nuestras vidas. Ella me cuenta que hubo una época en que se dedicó a la política.
En un espacio que le venía como anillo al dedo, el centro, el diálogo, el lugar donde unos y otros entendían que se podía opinar distinto, pero que, aun así, podíamos intercambiar ideas, aprender unos de otros, incluso complementarnos en el ejercicio del Gobierno. “Opinar distinto a ti, no es opinar contra ti”, una frase que me deja para la reflexión. Pero Marian me mira con tristeza, una tristeza que sale de detrás de esos ojos color miel, y cuenta que hemos perdido ese espacio. Ya no existe un lugar de encuentro para exponer ideas. Ahora si tu idea es distinta a la mía estás contra mí. Ahora si estamos de acuerdo en algo, pero lo llamamos de distinta forma, entonces no estamos de acuerdo, estamos el uno contra el otro, porque interpretamos que eso es negar lo que el otro dice.
Le cuento a Marian que me siento en mesas de trabajo a negociar, para llegar a un punto de acuerdo y poder partir de un mismo lugar y consensuar un destino en la empresa. Me cuesta, pero lo consigo. No veo que eso se pueda hacer en la política y Marian asiente, sabe que tengo razón.
Cuando conocí a Marian, ella hablaba un perfecto inglés. Empecé a tratarme bien con la lengua de Shakespeare, pero cuando Marian cogió la puerta y salió de mi vida, el inglés saltó por la ventana. No fue fácil, pero ella ya practicaba aquello de ser del centro y nunca discutimos sobre el final de nuestra relación, siempre nos llevamos bien. Así debería ser la política, comprensiva y educada. Pero no, hoy es rastrera y traicionera. Nadie se fía de nadie en este escenario, porque los intereses de unos son antagónicos con los intereses de los otros.
Hablamos de Gaza, de la masacre que allí se está cometiendo y de cómo todos están de acuerdo en esto, pero todos enfrentados por esto, a la vez. Marian y yo nos reímos pensando en el susto que tenían los israelíes al ver la fragata española “Furor”. La envió el Gobierno para darles apoyo y se nos abre una enorme incógnita en el pensamiento. ¿Qué pretendían al decir “apoyo”?
Me viene a la mente el “eslogan” que ha utilizado Hamas: “Desde el río hasta el mar, Palestina vencerá” y me horroriza ver que se utiliza en las convocatorias de protesta por la barbarie que se está haciendo en Gaza, porque me pregunto y le pregunto a Marian ¿Qué pensaríamos si algunos cantaran a nuestro lado eslóganes de ETA?No es justificable lo Israel, pero tampoco le podemos dar la bienvenida a los terroristas de Hamas. No olvidemos la cantidad de muertes que éstos también han provocado. La izquierda ha aprovechado que no hay espacio en el centro, para utilizar “Gaza” para radicalizar más su postura contra la derecha del PP. Marian se termina la tostada con un deseo: “Me gustaría que volvieran esos espacios en los que el debate y la buena fe de las partes ayudaban a hacer política”. Me sumo a este deseo. Me sumo a las ganas de que todos hagamos política de crecer juntos. Me temo que eso está lejos, pero si ya somos dos los que lo contamos, quizá encontremos más que se sumen a esta idea. Marian me confiesa que es sábado y se va de compras.
Pasan los años y su estilo permanece y sigue pareciendo actual. Le brillan los ojos y la sonrisa, no tiene arrugas y ejerce de “mujer decidida”. Es de esas personas que cuando te habla te entrega frases para estrenar, como si nunca hubieran sido dichas. Un lujo compartir un rato del fin de semana con ella. Siempre estoy agradecido a las personas que el destino me ha puesto cerca y me han ayudado a crecer. Marian es una de ellas.