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Sánchez divide, España se une

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el acto solemne de homenaje a la bandera nacional y desfile militar por el 12 de octubre en Madrid.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el acto solemne de homenaje a la bandera nacional y desfile militar por el 12 de octubre en Madrid.EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS

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Morante de la Puebla se cortó la coleta tras brindarle un toro a Isabel Díaz Ayuso. En la barrera estaba Santiago Abascal, a quien brindó otro astado, el mismo que por la mañana había plantado al Rey en el desfile del 12 de octubre. Pedro Sánchez, mientras tanto, recibía pitidos a su llegada al desfile y, luego, se marchaba antes del cóctel en Palacio para evitar los corrillos con periodistas.

Cada gesto, un símbolo. La Fiesta Nacional de la política española no celebra nada: vive instalada en la trifulca, la vanidad y el agravio. En cambio, la Fiesta Nacional de los españoles —la de la calle, la de las familias, la de las banderas compartidas— se vive con naturalidad. Gente que se saluda, se mezcla, se ríe sin preguntar a quién vota el de al lado.

Sánchez ha conseguido separar tanto la política de la gente que ya ni se reconocen. Su obsesión por dividir ha roto el hilo invisible que unía las instituciones con la nación que representan. Hace bien Alberto Núñez Feijóo en insistir en hablar a todos los españoles. En recordar que el poder no se mide por el ruido, sino por la capacidad de unir.

España no necesita más gestos de soberbia ni más líderes que huyan de los suyos. Necesita políticos dispuestos a regar el jardín que todavía nos une. A.M. BEAUMONT

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