enfoques del director
Sánchez ya tiene fecha para la 'tortura' del Senado: el Gobierno aparenta que no le preocupa, pero la realidad es otra
El interrogatorio a Pedro Sánchez en la Comisión de Investigación del Senado ya tiene fecha: será el 30 de octubre. Interrogatorio es la palabra adecuada para definirla. No es un compareciente más, es la clave de todos los casos de corrupción y, sobre todo, es el hombre que debe explicaciones a los españoles y se niega a darlas.
Así que el PP debe afrontar esa comparecencia como un interrogatorio policial. Es la primera vez, y no habrá muchas opciones más, de que Sánchez dé las explicaciones que tendría que haber ofrecido hace mucho sobre los casos que le rodean: el de su mujer, el de su hermano, el del fiscal general y el de Ábalos y Cerdán que parece que puede extenderse ya a todo el PSOE con la sombra de la financiación ilegal planeando sobre el partido.
Hasta ahora, Sánchez se ha limitado a escribir cartas a los ciudadanos y a afirmar que todos son inocentes, empezando por él mismo, sin aportar explicaciones. En el Senado la cosa cambia. No va a ser la entrevista amable que da en TVE o en cualquier medio afín. No va a ser una sesión de control al Gobierno con tiempo limitado o un debate sobre el Estado de la Nación, todo formatos que le favorecen descaradamente, según el Reglamento del Congreso. No, esta vez la cosa cambia. Los grupos tienen 50 minutos para acribillarle a preguntas. Él tiene la obligación de contestar y decir la verdad.
Es cierto que a lo primero contestará lo que le parezca, y solo se puede negar a contestar las preguntas que atañan diirectamente a su esposa, Begoña Gómez. El cónyuge no está obligado a declarar contra su pareja. Al resto de cuestiones tendrá que contestar. Respecto a decir la verdad, olvídense. No le dice la verdad ni al médico, pero al menos se encontrará con alguien que le rebata y que exponga sus mentiras y sus manipulaciones de la realidad. Además, si miente y se llega a demostrar que ha mentido, se enfrenta incluso a una responsabilidad penal.
Desde el Gobierno, el PSOE y los medios afines, desde el equipo de opinión sincronizada, se lanza la consigna de que no preocupa nada, que Sánchez se va a merendar al PP e incluso de que puede salir no solo airoso sino fortalecido. Mentira. Pura pose. Ese 30 de octubre puede ser una auténtica tortura para Pedro Sánchez. Le esperan horas de comparecencia, decenas de preguntas y el escrutinio de la opinión pública que espera sus explicaciones.