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Puigdemont dará el lunes un disgusto a Sánchez: ruptura oficial y moción de censura a la vista

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Pedro Sánchez vive mirando a lo que pueda pasar este próximo lunes en Perpiñán, en Francia, donde el prófugo Puigdemont se reúne con la cúpula de su partido, Junts, para analizar qué hacer, por dónde tirar en estos momentos en los que la formación separatista aparece perdiendo fuelle en las encuestas - ir de la mano del sanchismo pasa factura- y nada de lo prometido por Sánchez se cumple: ni una amnistía plena para Puigdemont ni la transferencia de las competencias de inmigración ni la oficialidad del catalán en la UE... Nada de nada.

Puigdemont anticipó el pasado mes de septiembre que si no había avances iban a "pasar cosas" en otoño.

Esas cosas que pueden pasar podrían desembocar en una moción de censura, pero antes se van a dar unos pasos con el objetivo de aumentar la presión sobre Sánchez y obligarle a cumplir. ¿Qué pasos son esos? tendrían unos pasos antes de llegar una moción de censura:

Primero, romper con Sánchez. Escenificar una ruptura de relaciones con el Gobierno, ¿Cómo? Pues dando por finalizada y fracasada la mesa de negociación en Ginebra, esa vergüenza a la que se ha plegado el PSOE con relator internacional de por medio incluido. De esa manera, oficialmente se rompería la mayoría de investidura que ahora mismo ya se tambalea en cada votación en el Congreso.

En segundo lugar, Junts quiere consultarle la decisión a sus bases -algo muy 'podemita'- para que se la avalen.

El tercer paso será pedir a Sánchez públicamente que convoque elecciones anticipadas, lo que dejaría en una extrema debilidad al Gobierno. Por supuesto, el presidente del Gobierno desatendería esa petición, empeñado como está en aguantar contra viento y marea en La Moncloa, probablemente para desde ahí, utilizando los resortes del poder, defender a su esposa pentaimputada y a él mismo.

La negativa de Sánchez a convocar elecciones podría desembocar en una moción de censura con la que ya coquetean en público destacados dirigentes de la formación independentista. La condición sería buscar un candidato que no fuera Feijóo con el objetivo de que esa persona, una vez en La Moncloa, convocara elecciones de manera inmediata.

Ese plan tiene una dificultad, quizás muchas, pero sobre todo una: que el PP y VOX den su visto bueno, traducido en votos a favor en esa moción de censura. Sin los de Feijóo y sin los de Abascal eso no es posible. Así que habría que buscar un candidato de consenso del que se fíen todos, lo que tampoco parece fácil.

Sea como fuere, lo cierto es que muchos analistas políticos conocedores a fondo de la complicada política catalana dicen que esta vez, la amenaza de Puigdemont puede ser real. Otra cosa es que llegue a buen puerto.

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