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¿Y si esta vez sí? Puigdemont quiere romper con Sánchez

Una ruptura así, avalada por las bases de Junts, supondría un punto de inflexión en la legislatura. Sánchez podría enrocarse en La Moncloa, aferrándose al cargo hasta 2027 con apoyos residuales de ERC o PNV

José Manuel Albares y Pedro Sánchez tras Puigdemont en el Parlamento Europeo

José Manuel Albares y Pedro Sánchez tras Puigdemont en el Parlamento Europeo

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En el exilio dorado de Waterloo, Carles Puigdemont ha jugado durante años al gato y al ratón con Pedro Sánchez. Pero esta vez, el felino parece dispuesto a clavar las uñas. Este lunes, la ejecutiva de Junts per Catalunya se reúne en Perpiñán para debatir romper el pacto que ha sostenido al Gobierno socialista desde 2023. Y no será un arrebato de la cúpula; Puigdemont pretende refrendarlo en las bases del partido, consultando a sus 6.000 militantes para legitimar el portazo. El intento de mediación de José Luis Rodríguez Zapatero, que voló a Waterloo para predicar el "diálogo" y el "buenismo", ha naufragado. "El tiempo de la paciencia ha terminado", sentencia un dirigente independentista, culpando al PSOE de incumplir promesas clave, como el retorno seguro del 'expresident' fugado.

Una ruptura así, avalada por las bases de Junts, supondría un punto de inflexión en la legislatura. Sánchez podría enrocarse en La Moncloa, aferrándose al cargo hasta 2027 con apoyos residuales de ERC o PNV. Pero, ¿cómo le explica a la opinión pública que gobernará en modo supervivencia? Sin Junts, adiós a los Presupuestos Generales del Estado: ni ahora, ni en tres meses, ni en un año. Ni presupuestos, ni leyes orgánicas. El Gobierno quedaría paralizado, reducido a decretos-leyes que el Tribunal Constitucional tumbaría. En cualquier otro país de la UE, un presidente normal convocaría elecciones sin pestañear.

El problema de Sánchez no es solo político; es personal y judicial. Su mujer por tráfico de influencias; su hermano por prevaricación; el fiscal general en el banquillo por revelación de secretos; y Cerdán y Bolaños por el caso Koldo. El PSOE bajo la lupa por financiación ilegal. Todo ello le empuja a permanecer en el poder a toda costa, manipulando los resortes del Estado –fiscalía, CNI, TVE– para blindarse. No es gobernar; es sobrevivir.

¿Y si esta vez sí? Puigdemont, harto de fotos y promesas vacías, ha decidido que el indulto y la amnistía no bastan sin hechos. La reunión de Perpiñán no es teatro; es el prólogo de un otoño tormentoso. Sánchez, tan tranquilo en público, podría verse forzado a elegir: elecciones anticipadas o un Gobierno zombi que desangre su credibilidad.

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