El juez Sánchez dicta sentencia

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
Pedro Sánchez ya no disimula: ayer proclamó la inocencia del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, antes incluso de que hable la Justicia. Un presidente convertido en juez, parte y abogado defensor. Otro golpe, descarado, a la independencia judicial. Un paso más hacia un Estado al servicio del mandamás.
El mensaje es tan grosero como peligroso: quien esté con el Gobierno, está a salvo; quien discrepe, será señalado como “ultraderecha”. La moral sanchista lo justifica todo. La ley, el respeto a las instituciones o la decencia ya no cuentan. Lo único que importa es blindar al régimen de los suyos.
El problema no es solo el gesto, sino el hábito. Sánchez convierte cada proceso judicial en batalla política, cada imputación en complot, cada sentencia en ataque. Su obsesión por controlarlo todo ha dejado el Estado sin contrapesos y a la sociedad sin confianza. La democracia machacada.
Porque cuando el poder decide quién es inocente y quién culpable, la democracia deja de ser un sistema de leyes y se convierte en instrumento de propaganda. Y eso —por mucho que lo adornen con eslóganes progresistas— es obsceno.
A.M. BEAUMONT