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Sánchez tiene que dimitir ya: cercado por Ábalos y Koldo y abandonado por sus socios en el Congreso

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Pedro Sánchez está llevando su juego demasiado lejos, a un territorio inexplorado donde un Gobierno en clara minoría parlamentaria y un presidente acorralado por la corrupción se aferran al poder de manera desesperada y antidemocrática. Este jueves ha superado las expectativas. La tormenta perfecta se ha vuelto huracán: Koldo y Ábalos tirando de la manta, Aldama largando todo lo que sabe en la Audienca Nacional y el PSOE, el Gobierno, derrotado en el Congreso en la votación de la senda de estabilidad, primera paso hacia la aprobación de los presupuestos para 2026. 

Le han dejado tirado Junts, Podemos y Compromís, todos ellos socios de la investidura. Ha perdido la mayoría que le hizo presidente y, por lo tanto, debería dar paso a las urnas para que los ciudadanos elijamos a un nuevo gobierno. Parece lo más democrático y lo más lógico. Más aún si tenemos en cuenta que lleva desde 2023 sin aprobar presupuestos generales y ahora parece condenado a perder todas las votaciones en el Congreso.

Eso es lo que haría un Gobierno normal con un presidente normal, homologable al resto de presidentes o jefes de Gobierno de la UE. El problema es que nosotros tenemos a Pedro Sánchez, un político sin escrúpulos y con nulo respeto a la democracia, capaz de comprar su investidura negociando con un prófugo en el extranjero y de comprar también la moción de censura negociando con un terrorista en un caserío del País Vasco para obtener los votos de Bildu. Capaz también de pagar su campaña de las primarias de 2017 con dinero de la prostitución que dice querer abolir. Eso ha contado Koldo, que efectivamente el suegro de Sánchez, Sabiniano Gómez, puso 100.000 euros para financiar esas primarias.

Pedirle que dimita se antoja una utopía, pero hay que pedírselo, hay que exigírselo. La gran paradoja es que cuanto más débil está, más solo en el Congreso, más abandonado por sus socios y más acosado por la corrupción que le rodea, más se aferra al poder y menos intención tiene de convocar elecciones. Cuanto peor está más necesita el sillón para defenderse desde allí, para poder usar todos los resortes del Estado a su favor y a su conveniencia. Hemos entrado en un círculo vicioso en el que cuanto peor es la situación para Sánchez más parecen alejarse las elecciones.

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