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Sánchez es un cadáver político: sensación de fin de régimen con la corrupción sistémica desbordada

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La detención este jueves de Antxón Alonso -socio de Cerdán en Servinabar- y el registro de 19 empresas por parte de la policía ha sido la gota que ha colmado el vaso un día después de la detención de la fontanera del PSOE, Leire Díez, y del expresidente de la SEPI, Vicente Fernández, estrecho colaborador de la ministra María Jesús Montero.

Esto no da más de sí. Cunde la sensación de fin de régimen, de desmoronamiento del sanchismo, cercado por la corrupción galopante y por los escándalos de acoso sexual en el seno del PSOE. Lo que estamos viendo con esta última operación policial contra la corrupción socialista es que todo parece relacionado entre sí.

Cerdán aparece ligado a Leire Díez; ésta al ex presidente de la SEPI -hombre de confianza de Montero, que, a su vez, acabó empleado en Servinabar, es decir, vinculado a Cerdán. El ex secretario de Organización, junto a Ábalos y Koldo, formaban parte del círculo de máxima confianza de Pedro Sánchez en el que también está la propia ministra Montero. Y nos falta Zapatero que asoma entre bambalinas en el caso Plus Ultra, el rescate forzadísimo de 53 millones de euros a la aerolínea de capital venezolano a la que la SEPI ayudó pese a ser irrelevante en el sector, con sólo el 0,1% del tráfico aéreo de España.

Según se han publicado, fue empeño de Zapatero que intervino personalmente ante Ábalos para que ese rescate, que sigue bajo la lupa de la fiscalía, se llevara a cabo. Este jueves la sede de Plus Ultra ha sido registrada también. La policía ha entrado y ha registrado las oficinas, pero en realidad lo que ha puesto patas arriba es al sanchismo y a su líder.

Todos esos ingredientes que completan el guiso de la corrupción, desde Ábalos a Cerdán, pasando por Begoña, Leire Díez, Antxon Alonso y el expresidente de la SEPI, tienen algo en común: Pedro Sánchez. No hablamos de varios casos de corrupción distintos sino de un solo caso, la corrupción sistémica del sanchismo, construido en torno a unos personajes que son presuntos corruptos y con un líder que, de momento, se salva de acusaciones penales, pero que siempre está ahí y nunca se enteraba de nada, según quieren que creamos.

El sanchismo se desmorona. Sánchez es un cadáver político y, aunque es un maestro de la supervivencia, puede caer en cualquier momento. Nadie sabe si durará un año y medio o tres días, pero está condenado.

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