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Sánchez volverá a humillarse ante ERC para tratar de aguantar hasta 2027

Los republicanos, conscientes de su posición de fuerza frente a un Junts que ha roto puentes, no ocultan su ambición: un cupo fiscal a la vasca, más recursos y visibilidad para sus pactos

Pedro Sánchez saluda a Oriol Junqueras

Pedro Sánchez saluda a Oriol Junqueras

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Pedro Sánchez, acorralado por el desgaste de su Gobierno, los escándalos de corrupción y el distanciamiento con Junts, se prepara para una nueva genuflexión ante Oriol Junqueras, líder de ERC, en forma de cumbre bilateral después de Reyes, en enero de 2026. Se trata enésimo episodio de sumisión del presidente del Gobierno a los separatistas catalanes de Esquerra, con el único objetivo de prolongar artificialmente una legislatura agonizante hasta 2027.

Según la información publicada por El Confidencial, Sánchez y Junqueras calibrarán en Moncloa acuerdos pendientes como la condonación de más de 17.000 millones de deuda del FLA, la transferencia de la gestión de Cercanías y, sobre todo, el nuevo modelo de financiación autonómica singular para Cataluña, que podría inyectar miles de millones adicionales a la Generalitat. Todo ello, a cambio de que ERC siga prestando sus votos para evitar el colapso del Ejecutivo.

No es la primera vez que Sánchez se arrodilla ante los independentistas catalanes para sobrevivir. Lo hizo con la amnistía, con los indultos y con concesiones económicas millonarias que han privilegiado a Cataluña en detrimento del resto de España. Ahora, en un contexto de incertidumbre y bajo estado anímico en el PSOE, el presidente busca una foto con Junqueras para escenificar que la legislatura "todavía está viva". Pero la realidad es otra: ERC marca el ritmo, exige calendarios concretos y amenaza con no eternizar las negociaciones, mientras Sánchez solo puede ofrecer promesas y más cesiones.

Los republicanos, conscientes de su posición de fuerza frente a un Junts que ha roto puentes, no ocultan su ambición: un cupo fiscal a la vasca, más recursos y visibilidad para sus pactos. Y Sánchez, fiel a su manual de supervivencia, aceptará lo que haga falta con tal de evitar elecciones que, según todas las encuestas, le serían devastadoras.

Esta nueva humillación no salva a España de la inestabilidad ni resuelve los problemas reales de los ciudadanos. Solo prolonga el chantaje independentista y debilita al Estado. Sánchez no gobierna: mendiga votos para aguantar en el poder. Y mientras tanto, el precio lo pagamos todos los españoles. Hasta 2027, si ERC lo permite.

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