ESdiario

LA MIRILLA

La gran diferencia entre Sánchez y Ayuso o Meloni

Giorgia Meloni, Pedro Sánchez yIsabel Díaz Ayuso

Giorgia Meloni, Pedro Sánchez yIsabel Díaz Ayuso

Creado:

Actualizado:

El mundo no tiene, en realidad, un problema de poder. Tiene uno más grave: de autoridad.

Nunca hubo tantos gobiernos, parlamentos, decretos, cumbres. Y, sin embargo, nunca mandó tan poco nadie.

Se gobierna, sí. Pero no se dirige. Se decide, pero sin persuadir. Se impone… y aun así no se obedece.

La autoridad —esa mezcla de credibilidad, respeto y legitimidad aceptada— se ha ido evaporando.

Pedro Sánchez es un ejemplo perfecto de este tiempo. Tiene el poder formal, pero carece de autoridad moral. Gobierna por resistencia, no por convicción. Cada decisión necesita relato. Cada cesión exige un enemigo. Cada crisis se convierte en un combate. Porque quien no tiene autoridad necesita tensión permanente para sobrevivir.

Eso no es liderazgo. Es desgaste administrado.

La autoridad no se decreta. Se concede. Y hoy casi nadie se la concede a nadie.

Europa es el espejo internacional de este vacío. Dicta normas que ya no intimidan. Aprueba sanciones que no disuaden. Firma comunicados que no cambian nada. Tiene legalidad, pero no autoridad. Y cuando eso ocurre, el mundo aprende rápido a ignorarte.

Las organizaciones internacionales hablan sin que nadie escuche. Las democracias apelan a valores que ya no movilizan. Y las autocracias han entendido antes que nadie la nueva regla del juego: no hace falta legitimarse cuando no dependes de la opinión pública.

Putin no busca aprobación.

Xi ni siquiera simula buscarla. Irán no explica sus matanzas: aguanta.

La autoridad ya no se gana convenciendo, sino agotando al otro.

Y aquí aparece la gran paradoja de nuestro tiempo: en este vacío crecen liderazgos que no se explican demasiado. No aspiran a ser ejemplares. Aspiran a decidir.

Trump no seduce: impone.

Meloni no teoriza: decide.

Ayuso no pontifica: actúa.

Gustarán más o menos. Pero proyectan algo que escasea: mando reconocible.

No prometen consenso. Prometen dirección. Y en la era del agotamiento, eso atrae. Mucho.

Cuando la autoridad desaparece, el mundo no se vuelve más dialogante. Es más duro. La política deja de ser persuasión y pasa a ser pulso. La ley ya no ordena: se desafía. El sistema no integra: expulsa.

Mandar sin autoridad es el preludio del conflicto. Porque cuando nadie manda de verdad, alguien acaba haciéndolo por la fuerza.

Ese es el riesgo silencioso de nuestro tiempo.

No el exceso de poder.

La ausencia de autoridad. 

A.M. BEAUMONT

tracking