la mirilla
Sánchez, ejemplo de la política sin frenos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
Hubo un tiempo en que la política tenía líneas rojas. No escritas, pero respetadas. Había cosas que no se hacían. Aunque se pudiera.
Ese tiempo ha pasado.
Hoy la política ya no se pregunta qué es legítimo. Solo qué es posible.
La ley se estira. Las instituciones se fuerzan. Los pactos se cruzan. Los principios se reinterpretan. Y todo vale si permite seguir un día más.
Eso es la política sin frenos.
Pedro Sánchez gobierna exactamente así.
Amnistías que niegan la igualdad ante la ley. Fiscalías utilizadas contra adversarios políticos. Indultos convertidos en moneda política. Cesiones territoriales a cambio de votos. Ataques al juez incómodo. Control del CIS. Asalto a RTVE. Relatos para tapar sumarios.
No hay rectificación. Hay resistencia. Tampoco explicaciones. Hay propaganda. Y huida hacia adelante.
Y no es solo España.
Trump gobierna Estados Unidos sorteando el sistema. Putin manda en Rusia sin que su pueblo cuente. Xi gobierna China sin controles. Y Europa observa, legisla, declara… y no frena nada.
Cuando el poder comprueba que no pasa nada, deja de frenarse. Entiende que la mentira no tiene coste. Si la cesión no penaliza, se amplía. Cuando el abuso no castiga, se convierte en método.
La política deja de ser gobierno y se convierte en mantenerse a toda costa.
Y entonces ocurre algo decisivo: el ciudadano ya no percibe reglas, sino trampas. Las instituciones, se convierten en bandos. Y el Estado, en partido.
Por eso crece la desafección. El sistema se erosiona desde dentro.
La política sin frenos no solo degrada las instituciones. También descuida lo que no da votos.
Cuando el poder vive pendiente del relato, del pacto y del día siguiente, se resiente lo que exige gestión silenciosa: trenes, carreteras, seguridad, mantenimiento, previsión.
Y entonces la política además de un problema moral, empieza a ser un problema físico.
Porque el desgaste institucional acaba convirtiéndose en riesgo real.
Y eso, como hemos visto, ya no es una metáfora.
La política sin frenos no provoca grandes explosiones. Es desgaste letal en la era del agotamiento
Porque cuando el poder deja de autolimitarse, la democracia empieza a vaciarse.
Y cuando eso ocurre, ya no hay exceso de política. Hay ausencia de límites.
A.M. BEAUMONT