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Sánchez y Puente llevan el caos a los trenes españoles: otro accidente mortal siembra el desconcierto

Las advertencias fueron ignoradas o minimizadas por Adif y el Ministerio de Transportes, que negaron la existencia de riesgos técnicos suficientes

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero.POOL MONCLOA, FERNANDO CALVO

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El trágico accidente este martes por la noche en la línea R4 de Rodalies (Cercanías) en Cataluña, entre Gelida y Sant Sadurní d’Anoia, ha segado la vida del maquinista y ha dejado al menos 15 heridos —algunas fuentes hablan de hasta 20, con cuatro de ellos graves—. Un muro de contención se desplomó sobre las vías, probablemente por el efecto de las intensas lluvias de la borrasca Harry, provocando el choque frontal y el descarrilamiento del tren de pasajeros. Decenas de dotaciones de bomberos, Mossos y ambulancias han trabajado contrarreloj en un hospital de campaña improvisado para excarcelar víctimas y estabilizar heridos.

Este nuevo siniestro mortal llega apenas 2 días después del devastador accidente en Adamuz (Córdoba), donde un descarrilamiento en alta velocidad dejó más de 40 fallecidos y centenares de heridos. En ambos casos, las denuncias reiteradas de los maquinistas —a través de sindicatos como SEMAF— sobre temblores, inestabilidad, baches y desgaste en la infraestructura resuenan con crudeza. Hace meses se alertó de problemas graves en diversas líneas, entre ellas la que pasa por Adamuz y también la línea Madrid-Barcelona. El sindicato pedía reducir la velocidad máxima a 250 km/h esas líneas.

Las advertencias fueron ignoradas o minimizadas por Adif y el Ministerio de Transportes, que negaron la existencia de riesgos técnicos suficientes. Solo tras la tragedia de Adamuz se ha aplicado, por esas mismas denuncias, la reducción de la velocidad máxima a 160 km/h en unos 150 km de vía especialmente deteriorados en el trayecto Madrid-Barcelona. Lo que se desoyó entonces se escucha ahora. Tarde y mal.

Además, el accidente de Rodalíes en Cataluña evidencia que los problemas son estructurales: inversión insuficiente, mantenimiento deficiente, incidencias constantes y una red ferroviaria que acumula riesgos evitables.

El ministro Óscar Puente y su jefe, el presidente Pedro Sánchez, dirigen un departamento que se jacta de récords en alta velocidad mientras la realidad muestra un deterioro alarmante. Los trenes españoles, otrora orgullo patrio, se hunden en la precariedad por priorizar la propaganda sobre la seguridad. Urge una auditoría independiente, inversiones reales y escuchar a los profesionales antes de la próxima tragedia. España no puede seguir permitiendo este caos por negligencia.

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