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ENFOQUES DEL DIRECTOR

Ábalos da la campanada y deja su escaño: ni un pacto ni una amenaza, la razón oculta es otra

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José Luis Ábalos ha sorprendido este miércoles a todos anunciando la renuncia a su escaño de diputado en el Congreso. Pero la sorpresa inicial ha ido dando paso a teorías de todo tipo para explicar su decisión: que si una estrategia de la defensa, que si un pacto oscuro con Pedro Sánchez... Esta última, la verdad, encaja en lo sucedido, pero no es real. 

Encaja porque el que sale ganando de todo esto es el PSOE, Sánchez y el Gobierno que recuperan para el Grupo Socialista ese escaño. Y un escaño hoy día vale su peso en oro. Por ejemplo, si Junts se abstiene en una votación, Sánchez y sus socios ganan. Hasta ahora, con Ábalos en prisión, sin poder votar, había empate y un empate repetido 3 veces es una derrota. Así que tiene lógica pensar que le han podido ofrecer algo a Ábalos para que deje el escaño.

Pero la realidad, por lo que hemos podido saber en ESdiario, no es esa, es mucho más prosaica y mundana: se trata de dinero, como tantas cosas en la vida. Vamos a explicarlo. Ábalos no cobra el sueldo de diputado desde que entró en prisión a finales de noviembre, por lo que se ha quedado sin ingresos. Si tiene dinero de mordidas y corruptelas, que presuntamente lo tiene, no puede tocarlo porque desvelaría a la UCO dónde lo esconde. 

Así que necesita liquidez como todo hijo de vecino. Hay que pagar facturas. Así que ha decidido dejar el escaño para poder jubilarse. Sí, como lo oyen. El exministro tiene 66 años y cumple los requisitos para convertirse en pensionista. Así que usted y yo vamos a empezar a pagarle el sueldo a partir de ahora. Bueno, ya se lo pagábamos antes como diputado. Así que eso no cambia.

Ahora le pagaremos a él y a su sustituta que, por cierto, no tiene desperdicio. Salvo renuncia, le toca asumir el escaño a la siguiente en la lista por Valencia, Ana María González, alcaldesa socialista del municipio valenciano de Llaurí que fue condenada en 2021 por conducir ebria: triplicaba la tasa de alcoholemia permitida, lo que se considera delito. ¡Menuda tropa!

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