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Cuando dormir poco y tener la conciencia tranquila no arreglan nada

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, comparece para dar cuenta del caos ferroviario, en el Senado.

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, comparece para dar cuenta del caos ferroviario, en el Senado.Eduardo Parra / Europa Press

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Dice el ministro Puente que desde los accidentes de Adamuz y de Gelida duerme solo tres horas al día. Y lo dice como quien se autoinflige una penitencia voluntaria. Pues bien, señor ministro, gracias por el sacrificio, pero la cosa no va de eso.

Dormir poco no es un mérito. Es, en todo caso, una consecuencia, por cierto bastante modesta si la comparamos con la de quienes ya no van a dormir igual nunca más. Porque cuando las cosas no se hacen bien, quienes pierden el sueño de verdad son las cuarenta y seis familias a las que se les ha reventado la vida de la noche a la mañana.

Añade el ministro Puente que tiene la conciencia tranquila, que es una frase que siempre da mucha paz al que la pronuncia, pero ninguna al que escucha. Su trabajo no consiste en dormir mal después ni en sentirse bien consigo mismo, sino en evitar que las tragedias ocurran antes del minuto de silencio y del “hemos hecho todo lo posible”.

Y llegamos al clásico: la culpa es de Rajoy, que dejó el Gobierno hace ocho años y medio, pero sigue apareciendo como un espectro al que se le puede responsabilizar de descarrilamientos, socavones y, si hace falta, de la humedad de las paredes. Lo que se le escapa al ministro—quizá por falta de sueño— es que desde hace ocho años y medio quien gobierna es su partido. El mismo que decide dónde se invierte, cuánto, cómo y cuándo. El mismo que mantuvo durante tres años al frente de la cartera de transportes a un señor que está en prisión preventiva por un presunto delito de malversación de caudales públicos y por haber recibido comisiones a cambio de adjudicar contratos a dedo, entre otras lindezas.

Aquí no se trata de insomnio, ni de conciencias; se trata de responsabilidad. Y la responsabilidad no duerme poco: llega a tiempo. Porque mientras el ministro cuenta horas de sueño, hay gente contando ausencias. Y esas cuentas no se compensan con declaraciones ni con excusas heredadas. Se compensan con gestión. Y esa, por desgracia, no se improvisa a las tres de la madrugada.

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