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Sánchez, en el lugar equivocado

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante el acto de la firma del SMI a 16 de febrero de 2026.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante el acto de la firma del SMI a 16 de febrero de 2026.EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS

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Hay momentos en los que la política exterior deja de ser táctica y pasa a ser moral.

La escalada en Oriente Medio no es un debate académico. Es una prueba de ubicación.

Alberto Núñez Feijóo ha fijado posición con claridad: derechos humanos sin excepciones, sin cálculos interesados, sin silencios oportunistas. España debe estar junto a las democracias liberales. No es un detalle menor. Porque la ambigüedad no es neutralidad. Es indefinición.

El Gobierno, en cambio, ha preferido instalarse en la equidistancia retórica, midiendo palabras, evitando incomodar a ciertos socios y dejando que el mensaje quede diluido en matices diplomáticos. Y en política internacional, los matices excesivos se interpretan como duda.

Cuando el régimen iraní reprime a mujeres que piden libertad, cuelga de árboles a homosexuales; si grupos como Hamás, Hizbolá o los hutíes atacan la civilización occidental, el problema no es técnico. Es de principios.

Europa no es solo un espacio económico. Es una comunidad política fundada sobre libertades. Si deja de profundizar en ese fundamento, pierde autoridad moral.

Y España, pese a tener sentado en el Gobierno a una ultra izquierda llena de sombras por las ideas que abraza, no puede vivir en la ambigüedad permanente.

En política interior nunca es bueno improvisar. En política exterior, es un suicidio. Es decir: o se está con las democracias liberales o se acepta vivir en la penumbra. Con todo, Sánchez siempre se coloca en el lugar equivocado. La libertad no admite matices cuando enfrente lo que tienes son tiranías.

A.M. BEAUMONT

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