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Sánchez y Trump edición

Sánchez mete a Trump en la 'fachosfera' que le persigue: 'No a la guerra', puro populismo barato

Benjamín López

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Agotado el comodín de Franco, fracasado el del aborto e intentado sin éxito el del 23-F, Sánchez saca otra inmensa cortina de humo: el "No a la guerra", un eslogan que tiene dos décadas y que en La Moncloa están convencidos de que les puede funcionar. 

Cumple todos los requisitos: apela al clásico antimilitarismo de la extrema izquierda y a su falso pacifismo (recordemos que Sánchez en 2014 afirmó literalmente que "sobra el Ministerio de Defensa"); busca un enemigo exterior al que culpar de todo lo malo que ocurra aquí y además se vuelve a victimizar. Sánchez ya no solo es víctima de la persecución de la fachosfera nacional, ya saben, periodistas críticos, jueces que le investigan y políticos de la oposición-, sino que ahora también es víctima de Trump y de sus aliados, de la fachosfera internacional.

Por eso Sánchez fuerza la posición de España negando el apoyo logístico a EEUU en su guerra con Irán. No se trata de que nuestro país bombardee ese país o envíe tropas, no, se trata de permitir que aviones cisterna estadounidenses usen las bases de Rota y Morón. Ridículo salvo que lo que pretenda es que se hable de él, que aspire a que lo importante no sea el conflicto en el Golfo Pérsico sino el enfrentamiento entre Pedro Sánchez y Trump. Que la izquierda le vea como ese héroe que para los pies al imperialista Trump aunque nos cueste un serio disgusto como país del que no se fían sus propios socios y aliados. Eso a él le importa un bledo, por supuesto. ¿Qué saca España de este enfrentamiento con EEUU? Nada bueno, desde luego. Represalias que pueden ser políticas, económicas o ambas. Lo veremos.

¿Qué saca el mundo de la posición de Sánchez? Suponiendo que su infantiloide "No a la guerra" tuviera un trasfondo ético, una convicción moral detrás, la exigencia del Gobierno español de deponer las armas y retomar el cauce diplomático cae en saco roto. Nadie le va a tener en cuenta lo más mínimo, ni los socios europeos ni EEUU ni Israel ni la OTAN. Nadie. Que España, y menos esta desacredita España de Sánchez, exija algo a la primera potencia mundial es tan irrelevante en el conflicto como un grito en el desierto. A nadie le importa y nadie lo escucha. Solo los votantes de Sánchez, solo la izquierda española. Y a ellos se dirige tomándoles por parvulitos con su "No a la guerra", que solo pronunciarlo produce vergüenza ajena. 

Ojalá viviéramos en un mundo sin guerras y sin violencia y sin hambre. Pero en este mundo aún hay buenos y malos y en este conflicto los buenos o los menos malos son los americanos y los malos, malos de verdad, los iraníes. Con todos los matices que le queramos poner, esa es la realidad. Y a Sánchez le aplauden los malos y le critican los buenos. ¡Por algo será!

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