enfoques del director

Pedro Sánchez, desesperado: Irán no le funciona y hace el ridículo con Sarah Santaolalla
Mentira tras mentira y tiro porque me toca. El "no a la guerra" es tan falso como el propio Pedro Sánchez. No a la guerra, pero solo un poquito. Los aviones de EEUU salen de las bases de Morón y Rota y España envía una fragata -la mejor fragata- a Chipre, como escolta del portaaviones francés Carles De Gaulle. Para no participar en la guerra no está mal.
Su "no a la guerra" no cuaja porque nadie le cree. España es más de "no a Sánchez". Y eso le desespera, aunque también es verdad que al menos ha logrado que se hable de eso y no de la presunta corrupción de su esposa, su hermano, su partido y su Gobierno. Así que algo ha sacado ya en limpio de presentarse ante el mundo como el anti Trump. España no ha sacado nada. De hecho, veremos represalias, mayores o menores, pero las veremos.
En todo caso, si Sánchez esperaba que su eslogan barato le sirviera para dar la vuelta a la tortilla electoral, va listo. Habrá hecho el ridículo. Casi tanto como en el caso de Sara Pérez, más conocida como Sarah Santaolalla. Lo de Sara ha sido de traca. Denunció a Vito Quiles por una agresión que no se ve por ninguna parte en las diversas grabaciones que existen de los hechos. No le toca ni un pelo, como ha certificado la jueza que, en una vista y tras escuchar a ambos, decidió que no ha lugar a imponer medidas cautelares contra Quiles. Ni hubo agresión, ni hubo lesiones, como certifica también el forense del caso.
El problema es que a pesar de que las imágenes dejan muy a las claras que no existió agresión de ningún tipo, el Gobierno de Sánchez ha salido a condenar a Vito Quiles y a presentarnos a la activista como una mujer maltratada, una víctima de acoso. La ministra de Igualdad, Ana Redondo; la ministra de Ciencia, Diana Morant; la delegada de Sánchez en Valencia, Pilar Bernabé; el ministro de Justicia, Félix Bolaños; el de Interior, Fernando Grande Marlaska... Todos ellos y alguno más se han prestado a difundir y amplificar el bulo fabricado por Santaolalla. ¡Qué ridículo más espantoso! Aunque para sentirse en ridículo primero hay que conocer la vergüenza.
La máquina del fango de la que habla Sánchez está enchufada en La Moncloa y trabaja a pleno rendimiento. Sus últimos trabajos: el "no a la guerra" y el "teatrillo del cabestrillo".