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Sánchez, el vecino indeseable

(Foto de ARCHIVO)
Comparecencia ante los medios del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras presidir junto a su homólogo portugués, Luis Montenegro, la ceremonia de firma de acuerdos de la XXXVI Cumbre hispano-portuguesa.

Clara Carrasco / Europa Press
06/3/2026

(Foto de ARCHIVO) Comparecencia ante los medios del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras presidir junto a su homólogo portugués, Luis Montenegro, la ceremonia de firma de acuerdos de la XXXVI Cumbre hispano-portuguesa. Clara Carrasco / Europa Press 06/3/2026Europa Press

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La política exterior de un país serio se rige por tener unos principios claros: defensa de la democracia, respeto a los derechos humanos, y ser coherente y respetuoso con los socios tradicionales. 

Primero Zapatero, y ahora Pedro Sánchez, quién sabe por qué inconfesables motivos, han roto todos los consensos que la diplomacia española llevaba desarrollando desde el final de la II Guerra Mundial. España se ha convertido en una contradicción constante. Ese vecino de la comunidad que da vergüenza saludar cuando te lo cruzas en la escalera, un apestado con el que nadie quiere salir en la foto: el vecino indeseable.

Sánchez hace alarde de ser el último bastión de la democracia en su particular ‘Toboso imaginario de fascistas’, pero esa impostura se derrumba después del primer engaño con cualquiera que se cruza. Se cree muy listo, pero solo se lo cree él, porque ya le tienen calado. Saben que miente a todos, todas y todes… y a todas horas. Por eso está solo. Por eso no es tan listo, solo es el típico pícaro del Siglo de Oro en versión Temu. Un Cortadillo cervantino de Alí-express.

Del reconocimiento internacional al giro radical

La política exterior del sanchismo tiene un antes y un después. Hasta su segundo mandato era medianamente aceptado en el arco internacional. Asistía a cumbres bilaterales, se codeaba con los que mandaban: Macron u Olaf Scholz… 

Era el ‘niño bonito’ de la ignominiosa Ursula von der Leyen. Llegó a sonar como candidato a Secretario General de la OTAN (manda huevos, siendo tan antimilitarista). Cuando le cerraron esa puerta se echó en brazos de los más radicales, tanto en España como en el plano internacional, por mera supervivencia, asfixiado por los escándalos de corrupción de su partido y su familia.

No por casualidad (en política no hay casualidades) por esos meses se supo que el software israelí ‘Pegasus’ le había hackeado la información de su teléfono y el de otros ministros, hace falta ser pardillos... ¿Qué secretos inconfesables tenían guardados en sus móviles para dar semejante volantazo en el Sáhara-Marruecos? 

España pasó de defender el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui (postura histórica del PSOE y de la ONU) a reconocer el plan de autonomía de Marruecos como la base “más sólida y realista”, palabras textuales del personaje. Y no se puso ni colorado al anunciarlo. De un día para otro. ¿Por qué desde ese momento se mostró implacable contra media España, y tan mansito con los sátrapas extranjeros, algunos incluso declarados enemigos? ¿De qué chantajes se tiene que tapar?

Venezuela, OTAN, Europa y China

Esto alguna vez le funcionó, pero ya no cuela entre la gente que rasca sus neuronas un poco más allá del eslogan facilón. Te guste más o menos Israel, con sus abusos, es más democrático y se vulneran menos los derechos humanos que en Irán. No es una cuestión ni siquiera debatible. Son hechos tangibles.

Sánchez, de una manera temeraria e irresponsable, ha cogido la bandera del rancio discurso del anti-imperialismo yanqui. Y además de una manera ruin, mintiendo, como es norma de la casa. A sus socios europeos, otra vez les hizo el desplante en público al negarse a aumentar al 5 % el presupuesto en defensa de la OTAN, cuando en privado les había dicho todo lo contrario.

¿Cómo no vamos a ser los vecinos indeseables si en su cara les tomamos el pelo a nuestros socios? Al margen de lo del presupuesto de la OTAN, ¿cómo se explica el giro cuando pidió públicamente a la UE que reconsiderara los aranceles a los coches eléctricos chinos en el momento en el que la herida industria automovilística europea quería salir a flote? Esa claudicación ante Pekín fue una patada en la espinilla a Europa, especialmente a Francia y Alemania

Lección básica de saber estar y de ética. Si no crees en algo, en este caso la OTAN, lo denuncias, argumentas por qué no estás de acuerdo y si nadie te secunda porque estás solo, como es el caso, te vas con dignidad. Pero no quieras estar en un club en el que tomas por imbéciles al resto de tus socios solo por querer hacerte el chuleta de sauna ante el ‘tío Trump’

A mi juicio, este es uno de los principales males de Sánchez: tomar por idiota a la gente. En el mercado interno le funciona más o menos bien porque sabe que sus simpatizantes le perdonan todo al PSOE, haga lo que haga, estafe a quien estafe, amañe lo que amañe, mienta a quien mienta, o robe todo lo que robe y más. Fuera de nuestras fronteras, la cosa es distinta.

La política exterior no puede basarse en eslóganes vacíos de contenido o en posicionamientos morales selectivos. España ha perdido su coherencia, su discurso. Y la incoherencia genera el riesgo de debilitar la credibilidad internacional. Volverse el vecino indeseable. Es insostenible pretender ser adalid de la democracia y al mismo tiempo ser socio de Xi Jinping, Delcy Rodríguez o los ayatolas.

Posición España sobre Irán

La posición frente a la guerra de Irán de estos días es especialmente sorprendente. Irán es un país con el que España no ha tenido vínculos, culturales, comerciales o históricos importantes. Nadie, por fuera del cálculo electoral, entiende que Sánchez rescate el ‘No a la guerra’ en un país que ni le va ni le viene. Hasta el punto de poner en riesgo la relación con nuestros aliados de siempre. Es tan irracional que amenaza hasta la inteligencia del votante socialista más radicalizado.

La negativa al uso de la base de Rota para operaciones militares de Estados Unidos es otra tomadura de pelo. No puedes decir ‘No a la guerra’ y al día siguiente mandar a Chipre una fragata con soldados españoles. Es muy poco serio. No puedes ir de demócrata y saltarte a la torera el Congreso de los Diputados porque sabes que vas a perder la votación para el envío de ese contingente militar. Reitero, si no te gusta la OTAN, te sales. Y se lo explicas a los españoles.

La patética ambigüedad de este juego es lo que ya nadie se cree fuera de España. Por eso somos el vecino indeseable. Por eso nos condena a la irrelevancia. Aunque eso a Sánchez no le importa porque Sánchez solo piensa en Sánchez, en cómo hacer para seguir quince minutos más en Moncloa y no salir esposado camino de Soto del Real.

Cuando Irán, Maduro o Hamás (que no el pueblo palestino) felicitan públicamente a España por nuestra posición en política internacional, es porque algo estamos haciendo mal. Eso, o es que estamos asumiendo que ya no somos una democracia liberal. Porque apoyar a estos dirigentes es ir en contra de las libertades y los valores que en teoría dice defender.

La primera incoherencia de la bandera de la izquierda contemporánea, que quiere apropiarse Sánchez, es la connivencia con el mundo musulmán extremista. Entiendo que tanto el socialismo como el islam tienen como enemigo común el capitalismo y la democracia liberal, pero es una contradicción demasiado latente el hecho de que en Irán, por ejemplo, cuelguen a los homosexuales de grúas a 20 metros de altura, mientras tú enarbolas la bandera arco iris. O tapar el papel inexistente de la mujer en estos países, mientras aquí tachas de violento machista a cualquiera que no piense como tú. Machistas los ayatolás, no tu vecino del tercero.

Es impresentable salir en comparecencia pública en Moncloa para decir que no se puede dar cobertura a nuestros aliados porque “el derecho internacional apoya a los más débiles”, en referencia a los civiles muertos en los bombardeos de esta semana. Como si alguna vez le hubieran importado los muertos. Se calló como una puerta cuando el mes pasado los ayatolás aplastaron a los manifestantes que buscaban la libertad que él se arroga defender. 

Al menos 3.000 hombres y mujeres fueron asesinados en una sola semana, algunas fuentes elevan a 40.000 los muertos. Y siguió callado. Esas víctimas tampoco le importaron, como las miles de represaliados cobardemente por el chavismo.

Las contradicciones delatan a Sánchez. Sus amistades totalitarias son insostenibles. Asúmelo Pedro, ya no engañas a nadie. Quizás solo a los alienados que no quieren ver más allá por miedo o por vergüenza a reconocer que les tomaron el pelo. Como dijo Mark Twain, “es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada”. Despierta votante socialista, que es a ti al que toman por gilipollas.

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