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Una fragata española a zona de guerra y Rota a pleno rendimiento: el particular 'No a la guerra' de Sánchez no cuela en Génova 13

El presidente del Gobierno ha vuelto a defender su rechazo a la guerra en Irán calificando el conflicto de “error gravísimo” pero al mismo tiempo ha justificado el envío del navío Cristobal Colón a Chipre para escoltar un portaaviones francés. Una decisión llama la atención en el Partido Popular, que acusa al Ejecutivo de evitar al Congreso para tomar este tipo de decisiones.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en el Congreso con Feijóo, Ester Muñoz y otros miembros del PP al fondo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en el Congreso con Feijóo, Ester Muñoz y otros miembros del PP al fondo.EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS

Alejandro Ibáñez
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Pedro Sánchez está intentando sostener un delicado equilibrio en plena crisis internacional. Cuando estamos hablando de un conflicto de estas características es realmente difícil -por no decir imposible- ponerte de lado e intentar contentar a unos y a otros. En este caso, se puede caer en contradicciones y eso le está pasando al presidente del Gobierno español que, después de varios días de cruces de declaraciones con la Casa Blanca, este viernes ha incluso lanzado una especie de piropo a Donald Trump. O al menos a lo que representa.

El líder del Ejecutivo español ha expresado su "admiración" por la sociedad estadounidense y su "respeto" a la Presidencia de ese país, pero ha vuelto a insistir en su rechazo a una "guerra ilegal". Pese a ese rechazo, el presidente quiso dejar claro que su Gobierno mantiene una postura crítica también con el régimen iraní. Recordó especialmente la represión contra la población y, en particular, contra las mujeres y las niñas. Sin embargo, sostuvo que esa condena al régimen de Teherán no justifica la ruptura del orden internacional mediante una intervención militar.

Una de cal y otra de arena. De nuevo ese intento de mantener el equilibrio tan complicado en una situación como la actual. Y es que mientras el presidente Pedro Sánchez insiste en su lema de “no a la guerra” frente a la escalada militar en Irán, el Gobierno ha decidido enviar un buque de guerra español al Mediterráneo oriental. La medida ha encendido el debate político y ha provocado un duro choque con el Partido Popular, que acusa a Sánchez no solo de caer en contradicciones sino de actuar de espaldas al Parlamento.

La polémica gira en torno al envío de la fragata Cristóbal Colón a Chipre, un despliegue que el Ejecutivo enmarca en una misión de “protección, defensa y rescate” solicitada por ese país. Parte de su misión es escoltar al portaaviones francés Charles de Gaulle, nuclear y de 261 metros de eslora, a zona de guerra. Sánchez ha defendido la decisión subrayando que España debe ser solidaria con sus socios europeos. “Con la misma determinación que nos lleva a decir ‘no a la guerra’ en Irán, tenemos la determinación de ser solidarios y ayudar a un Estado miembro de la Unión Europea que es víctima de ese conflicto”, aseguró el presidente.

El jefe del Ejecutivo recalcó que la misión es estrictamente defensiva y que se ajusta tanto al derecho internacional como a la legislación española. Según explicó, el despliegue responde a la solicitud de Chipre para contribuir a la seguridad colectiva y no implica una operación ofensiva. Eso no quita el envío de una fragata española a la zona de conflicto. En esa línea, Sánchez defendió que la operación no requiere autorización del Congreso. A su juicio, el envío de la fragata se enmarca dentro de la Ley Orgánica de Seguridad Nacional aprobada por las Cortes en 2005.

La fragata Cristóbal Colón.

La fragata Cristóbal Colón.

Todo ello en una jornada en el que el alcalde de Rota (del PSOE) Javier Ruiz Arana ha confirmado que la base militar de uso conjunto entre España y Estados Unidos demuestra un constante movimiento de aviones y barcos. Asegura que los ayuntamientos no tienen constancia de las operaciones, pero la realidad es que si Rota está a pleno rendimiento es cuanto menos dudoso que no se esté utilizando para ningún tipo de apoyo a la zona de guerra.

“El Ejército no es suyo. Es de todos los españoles”

El choque político no tardó en llegar. El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, reaccionó con dureza al anuncio del despliegue naval y exigió al presidente que solicite autorización del Congreso para enviar soldados y armamento a una zona de conflicto. “El Ejército no es suyo. Es de todos los españoles”, afirmó Feijóo en un mensaje difundido en redes sociales.

El jefe de la oposición sostuvo que la contención y la solución negociada son el mejor camino para frenar la guerra, pero al mismo tiempo reprochó al Gobierno que actúe sin control parlamentario. A su juicio, Sánchez evita someter la decisión al Congreso “por miedo a sus socios”.

Desde el PP consideran que el envío de la fragata supone la participación en una operación en zona de riesgo y que, por tanto, debería contar con el aval de la Cámara. El partido recuerda que en el buque viajarán unos 200 militares y que el despliegue se produce en un contexto de creciente actividad militar en la región.

En este sentido, fuentes populares advierten de que el Ejecutivo no puede poner en peligro la vida de militares españoles sin la autorización previa del Parlamento. Además, el PP sostiene que el lema real del presidente no es “No a la guerra”, sino “No al Congreso”, acusándole de esquivar los mecanismos de control establecidos por la ley.

Los populares también han recordado que desde 2006 los distintos gobiernos españoles han solicitado hasta 26 autorizaciones al Congreso para que las Fuerzas Armadas participaran en misiones en el exterior. Entre esas operaciones figuran despliegues en Afganistán, Líbano, Mali o Irak. Según el PP, la última petición al Parlamento se produjo en 2018 para ampliar el número de efectivos en la misión europea en Mali.

Desde entonces, denuncian, ninguna operación militar ha sido sometida a votación en la Cámara, lo que a su juicio refleja una tendencia del actual Ejecutivo a concentrar las decisiones en materia de política exterior. Para el partido de Feijóo, esta forma de actuar debilita la posición internacional de España y puede generar nuevos conflictos diplomáticos en un momento especialmente delicado. La tensión política, por tanto, no solo gira en torno a la guerra en Irán sino también al papel del Parlamento en las decisiones estratégicas del Gobierno.

Sánchez destaca las consecuencias económicas

Más allá de la discusión parlamentaria, Sánchez quiso centrar el debate en el conflicto internacional. El también líder del PSOE calificó la escalada militar en Oriente Medio de “amenaza real” para la paz global y para la estabilidad económica. Según advirtió, las consecuencias del conflicto ya se están dejando sentir en el aumento del precio del petróleo y del gas.

A su juicio, la guerra traerá además otras repercusiones, desde el aumento del coste de la vida hasta nuevas tensiones en materia de seguridad o migraciones. “Es un extraordinario error que vamos a pagar”, insistió el jefe del Ejecutivo.

Mientras Sánchez insiste en que su posición es “coherente y consistente” (rechazo a la guerra pero apoyo a los socios europeos), la oposición considera que el Ejecutivo lanza mensajes contradictorios: un discurso pacifista acompañado de movimientos militares en una región en plena escalada bélica.

La controversia promete continuar en el Congreso, donde el presidente tendrá que explicar con más detalle una estrategia que, por ahora, mantiene abierto el debate entre la prudencia diplomática que defiende el Gobierno y las dudas que plantea la oposición sobre el rumbo de la política exterior española.

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