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Santaolalla y el Gobierno llevan su farsa demasiado lejos: hermana, yo no te creo

Apenas unas horas después de que esa mentira quedara expuesta, el presidente del Gobierno y siete ministros -sí, siete- acuden al I Foro Contra el Odio para arropar precisamente a Santaolalla, quien modera una de las mesas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda a Sarah Santaolalla, durante el acto institucional con motivo del Día Internacional de las Mujeres en el Museo del Prado

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda a Sarah Santaolalla, durante el acto institucional con motivo del Día Internacional de las Mujeres en el Museo del PradoEuropa Press

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En España, la verdad parece haberse convertido en un lujo que el PSOE y el Gobierno de Pedro Sánchez no se pueden permitir. Ayer, la realidad volvió a retratar con crudeza a Sarah Marina Pérez Santaolalla, conocida como Sarah Santaolalla, tras el varapalo judicial que desestimó su solicitud de orden de alejamiento contra el periodista Vito Quiles. El juzgado número 23 de Madrid fue claro: no hay indicios suficientes de agresión, los vídeos no prueban nada concluyente y la versión de la víctima no se sostiene con la solidez requerida. Un golpe directo a la narrativa de "violencia fascista" que tanto ella como el entorno gubernamental han alimentado durante semanas.

Y sin embargo, hoy, apenas unas horas después de que esa mentira quedara expuesta, el presidente del Gobierno y siete ministros -sí, siete- acuden al I Foro Contra el Odio para arropar precisamente a Santaolalla, quien modera una de las mesas. El colmo del cinismo: un evento que pretende combatir el odio, inaugurado por Sánchez y con la participación estelar de quien ha quedado señalada por fabricar o exagerar un relato de acoso para apuntalar la tesis del peligro de la extrema derecha.

No es casualidad. Al PSOE y a este Ejecutivo les da igual mentir si con ello mantienen en pie un titular que les conviene: el de una España asediada por el fascismo, el odio y la ultraderecha. Da igual que los hechos judiciales desmientan la agresión, que la protección policial asignada parezca más un gesto propagandístico que una necesidad probada, o que el propio Sánchez haya resucitado el guerracivilismo con sus constantes referencias al pasado, sus acusaciones de "fachas" y su fomento sistemático de la polarización. Organizar un foro contra el odio con él al frente es un chiste de mal gusto, una performance grotesca que insulta la inteligencia de los ciudadanos.

La relación del sanchismo con la verdad es pésima, tóxica. Prefieren sostener una farsa —por muy evidente que sea— antes que reconocer errores o matizar relatos. Santaolalla, arropada por el poder, se convierte en el símbolo perfecto de esa estrategia: victimizarse para victimizar al adversario, amplificar el miedo para justificar el control del discurso. Pero la ciudadanía ya no traga. Hermana, yo no te creo. Y cada vez somos más los que vemos el teatro por lo que es: un intento desesperado de mantener el relato político a costa de la verdad.

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