La paz de Feijóo y el No a la guerra de Sánchez
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo
Pedro Sánchez cree que la vieja estrategia del “No a la guerra” puede volver a darle oxígeno político. Una pancarta conocida, un reflejo visceral que durante años sirvió para reagrupar a la izquierda española y arrinconar a sus adversarios.
El cálculo es sencillo: levantar de nuevo aquella consigna para colocar al Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo en una posición incómoda. Pero el problema de las viejas pancartas es que el tiempo pasa. De momento, en Castilla y León las víctimas han sido Sumar y Podemos.
El conflicto en Oriente Medio es terrible. Nadie en su sano juicio desea la guerra. Tampoco es sencillo confiar en alguien tan peculiar como Donald Trump.
Precisamente por todo eso el debate no debería reducirse a una consigna heredada de otra época ni utilizarse como herramienta de confrontación interna. La política exterior de un país serio exige algo más que eslóganes.
De ahí que los populares no se coloquen detrás de la pancarta del “No a la guerra”. Se sitúan sujetando algo mucho más amplio: la bandera de la paz.
La paz sí es una idea capaz de reunir a todos. No divide a los españoles ni busca aislar a nadie dentro del propio país. Es un gran valor. La paz no convierte al adversario político en enemigo. Es un objetivo común. Por la paz.
España no necesita volver a los viejos enfrentamientos ideológicos de hace veinte años. Debe estar donde están sus socios naturales: en Europa, en las alianzas occidentales y en la defensa de la estabilidad internacional.
La paz se construye con responsabilidad, con diplomacia y con cooperación internacional.
Las pancartas sirven para las manifestaciones. Los países, en cambio, se sostienen sobre algo más sólido. Sobre la responsabilidad de defender la paz. Y tomar las medidas para que los conflictos perjudiquen lo menos posible a los ciudadanos.
A.M. BEAUMONT