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Adiós, Montero, adiós

María Jesús Montero durante un pleno del Congreso

María Jesús Montero durante un pleno del CongresoGTRES

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Pedro Sánchez ha remodelado su Gobierno. Lo ha anunciado en una comparecencia en la Moncloa tras retrasarla porque estaba jugando una partida de ajedrez en un bar del barrio madrileño de Malasaña. Sánchez llegó al bar con un séquito de 20 personas, paralizó la calle con la intervención de policía nacional, policía municipal y agentes especializados en revisión de infraestructuras subterráneas encargados de inspeccionar las alcantarillas. Es decir, llegó de “incógnito” y “sin llamar la “atención”, como “suele hacer”.

Pero dejando a un lado la anécdota, la remodelación del Gobierno anunciada por Sánchez se circunscribe al movimiento de únicamente dos piezas, la de Cuerpo con su elevación a vicepresidente primero y la entrada de Arcadi España como ministro de Hacienda. Un cambio de posición de una torre y la entrada de un alfil, siguiendo un símil ajedrecista. Movimiento que ha merecido el desprecio de los comunistas de Yolanda Díaz porque se trata de un acto de “micromachismo”, porque son dos varones y no hay ninguna mujer.

Este cambio de Gobierno es puro continuismo, ya que Sánchez ha vuelto a hacer prevalecer al sanchismo sobre el partido socialista. Tanto Cuerpo como España no tienen vida propia fuera de las alas de su jefe. El primero porque es un fiel escudero de la política económica diseñada en Moncloa, caracterizada en el olvido de los problemas cotidianos de los ciudadanos para llegar a fin de mes, y el segundo por ser el silencioso escudero de otro fiel escudero sanchista como es Ximo Puig, y hará lo que le digan.

Si realmente Sánchez hubiera querido salir del laberinto en el que se encuentra metido, podría haber cesado a la ministra Aagensen, ministra del apagón de abril del año pasado, y que ha quedado demostrado que mintió sobre las causas del mismo tras escucharse en el Senado los audios que han estado ocultos durante todo este tiempo y que se han hecho públicos. O a Óscar Puente tras los escándalos de ocultación de pruebas al juzgado que está investigando la tragedia de Adamuz. También podía haber cesado a Marlaska por dedicarse a tapar los escándalos del sanchismo en vez de trabajar por la seguridad en nuestras calles.

Pero Sánchez, de nuevo, se ha limitado a sustituir a María Jesús Montero como hizo con Pilar Alegría, mandándola a una misión imposible en Andalucía. Sacrificio para el que Montero no ha recibido palabra alguna de aliento ya que todo el mundo pudo presenciar como ni siquiera Sánchez se quedó en el Congreso en su despedida como vicepresidenta, aunque no de diputada, en la última sesión de control.

Pero María Jesús, a falta de cariño de su amado líder, tuvo que “autoalabarse” describiéndose como la mujer más poderosa de la democracia española, todo un síntoma de la desolación en la que se encuentra nuestra reencarnada “Isabel la Católica”, que ha iniciado un viaje que nunca ha querido, tras salir huyendo del olor fétido de la corrupción económica, de prostitución y droga que conforma el escándalo de los ERES de los gobiernos que formó parte en Andalucía, de los que hoy aún se encuentran pendientes de juicio decenas de causas y muchos acusados que han sido antiguos cargos del partido socialista.

El nombramiento del sustituto de Montero como Vicepresidente primero del Gobierno, Carlos Cuerpo, ha sido anunciado como el “triunfo” de un tecnócrata educado, pero se trata de un fiel sanchista más con mejores modales que Óscar Puente, pero igual de sumiso al jefe. No podemos olvidar que se ha dedicado en cuerpo y alma en facilitar, a través de Red.es, que se eliminara la huella digital de la “pentaimputada” Begoña Gómez en 2024, tras el inicio de su investigación judicial como ha declarado el encarcelado José Luis Ábalos.

Desde luego los españoles no queríamos una nueva “mini crisis” de Gobierno, la tercera en esta legislatura iniciada en 2023, sino un cambio de Gobierno a través de las urnas. Sánchez sigue protagonizando cambios para que nada cambie, como en la famosa novela del escritor italiano Lampedusa El Gatopardo, pero su huida hacia adelante terminará cuando se nos de voz a los ciudadanos y podamos votar. Previamente los andaluces hablarán el próximo 17 de Mayo y, seguramente, gritarán la frase de “Adiós Montero, adiós”, frase que se oirá alto y claro en la Moncloa.

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