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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en el Congreso.

Sánchez acorralado por el rescate de Plus Ultra: "Hay que revertirlo, la SEPI está fuera de control"

Benjamín López

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El Gobierno de Pedro Sánchez vive sus horas más incómodas desde que estalló el escándalo Plus Ultra. La aerolínea de capital venezolano, que recibió 53 millones de euros públicos en 2021, se ha convertido en la piedra en el zapato que nadie en Moncloa quería volver a ver. Y el motivo es tan sencillo como demoledor: todos sabían que el rescate no tenía un pase.

En los pasillos de la SEPI y en las reuniones del Consejo de Ministros se repetía en voz baja lo que ahora sale a la luz con crudeza: la compañía no era viable, sus cuentas eran un desastre y sus vínculos con Venezuela olían a chamusquina. Pero el dinero público fluyó igual. Porque en este Gobierno las decisiones estratégicas no se toman mirando balances, sino mirando a quién conviene contentar.

Quedan especialmente señalados dos nombres. María Jesús Montero, como responsable máxima de la SEPI, no puede escudarse en la ignorancia. Era su deber fiscalizar cada euro y no lo hizo. Y Pedro Sánchez, como presidente y último responsable de las decisiones del Consejo de Ministros que autorizó la operación, es el que verdaderamente carga con la responsabilidad política. Él dio el visto bueno. Él permitió que 53 millones de euros de todos los españoles acabaran en una aerolínea que hoy es sinónimo de despilfarro y opacidad.

Y sobre ambos planea, cada vez más nítida, la sombra de José Luis Rodríguez Zapatero. Son muchos los que, dentro y fuera del PSOE, señalan al expresidente como el muñidor real de la operación. El hombre que, desde la trastienda, sigue moviendo hilos para proteger intereses que poco tienen que ver con el interés general de España. Algún periódico, como 'Libertad Digital', asegura incluso que su imputación es inminente. Si eso ocurre, el escándalo alcanzará dimensiones históricas.

Sánchez ya no puede seguir mirando hacia otro lado. La única salida digna, hace mucho tiempo, es la dimisión. Más ahora. Este escándalo sigue creciendo y supone más clavos en el ataúd político del sanchismo. El presidente ha convertido el Estado en un cajero automático de amigos y socios y ha dejado nuestra democracia en la UCI. La pregunta no es si Sánchez saldrá del Gobierno sino cuándo lo hará.

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