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Cloacas, corrupción, la España de Rinconete y Cortadillo

El excomisario José Manuel Villarejo llega a la Audiencia Nacional.

El excomisario José Manuel Villarejo llega a la Audiencia Nacional.JESUS HELLIN / STUDIOMEDIA19

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Para quienes de verdad nos gusta la política, estos días son un suplicio. Corrupción. Cloacas. Nombres propios que durante años ocuparon el poder sentados ahora ante un juez. Portadas, tertulias, informativos… todo gira en torno a lo mismo.

Y, sin embargo, conviene detenerse un instante. Si quienes se creyeron por encima de las reglas están hoy en el banquillo, es porque la democracia funciona. Eso es lo bueno. O debería serlo.

Porque hay algo que no termina de encajar. La justicia, en lugar de ser un espacio de limpieza, se ha convertido en un espectáculo. Puro meme para expertos del agit-prop. Escenario donde los partidos reparten papeles y los ciudadanos asisten como público. Los malos no lo son tanto si son de los míos. Los otros, en cambio, siempre son peores. Y así, una vez más, todo se reduce a una batalla de bandos.

Mientras tanto, el sistema sigue. El bipartidismo resiste. Avanza. Se recompone. La gente, es más sensata que sus dirigentes. No es que nada haya pasado. Sí ha pasado. Y se nota.

Porque al ver a quienes han manejado durante años la política española desfilar ante los jueces, surge una sensación incómoda. La tentación de mandar parar. De bajarse. De pensar que quizá esto ya no va de lo que debería ir.

Y ahí está el verdadero riesgo. No lo que ocurre en los tribunales. Sino lo que empieza a instalarse fuera.

A.M. BEAUMONT

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