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Pedro Sánchez en el acto de 'Avanzando en el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática'.

El grave error de Sánchez con el juicio a Koldo y Ábalos: un cálculo erróneo de las consecuencias

Benjamín López

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En Ferraz y en Moncloa respiran tranquilos. Dan por “amortizado” el caso Koldo-Ábalos. Después de más de dos años de escándalo, la cúpula socialista considera que el desgaste electoral ya se ha producido y que el juicio que acaba de comenzar en el Tribunal Supremo no añadirá ni un gramo más de daño. “Está exprimido”, aseguran fuentes del Ejecutivo. Incluso equiparan su impacto al de la Kitchen del PP: empate a cero. Craso error. Un error de cálculo que puede salirles muy caro.

Lo primero que falla en ese análisis es la propia dinámica del juicio. Lejos de ser un trámite protocolario, las primeras sesiones han aportado detalles nuevos, ridículos y escabrosos que han vuelto a encender el foco sobre la trama. El hermano de Koldo, Joseba García, ha reconocido sin ambages que acudió al menos dos veces a la sede nacional del PSOE en Ferraz para recoger sobres con dinero en metálico que luego entregaba a su hermano o a su cuñada. No eran gastos menores: eran pagos del partido a quien entonces era secretario de Organización y a su mano derecha. 

Al mismo tiempo, la declaración de Jésica Rodríguez, expareja de Ábalos, ha puesto sobre la mesa la historia del piso de lujo en Plaza de España pagado por la trama, los contratos fantasma en Ineco y Tragsatec y hasta el gato de la pareja al que el exministro sufragó una operación. Imágenes y relatos que ya no pertenecen al informe de la UCO, sino al relato en vivo ante el Supremo. Un asunto que empezaba a perder fuelle ha vuelto a reverdecer con fuerza. Y aquí viene la segunda objeción, aún más peligrosa: el efecto en el electorado.

Para el votante tradicional del PSOE, estos detalles no son anécdotas: son una humillación. Algunos desertarán. Otros, simplemente, se quedarán en casa. La desmovilización de la izquierda por vergüenza propia es un fenómeno real y medible. Pero hay otro efecto, más difícil de cuantificar y, sin embargo, claramente letal: la movilización de la derecha. Cada nuevo escabroso testimonio genera cabreo y energía en el electorado conservador. Una izquierda avergonzada y una derecha crecida y enfurecida. Ese es el cóctel que Sánchez no ha sabido calibrar

El cálculo de Moncloa era simple: el caso ya había hecho todo el daño posible y el juicio lo enterraría. Se equivocan de medio a medio. El juicio no cierra la herida; la abre de nuevo y la infecta. Y las consecuencias, lejos de estar amortizadas, pueden ser mucho más graves de lo que imaginan. Para Pedro Sánchez, el caso Koldo podría no ser el final de un escándalo, sino el principio del fin de su ciclo.

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