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Sánchez tiene un nuevo enemigo: Koldo busca un pacto con la fiscalía que hace temblar a Moncloa

El antiguo hombre de confianza del exministro José Luis Ábalos se mueve ahora con una estrategia propia que puede afectar al PSOE y su posible colaboración con la Fiscalía introduce un factor imprevisible.

Benjamín López

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El presidente del Gobierno ya no solo tiene que mirar de reojo a la oposición, a los jueces o a la calle. Ahora tiene un enemigo mucho más incómodo y cercano: Koldo García. Según las informaciones publicadas por Isaac Blasco en Vozpópuli, el exasesor de Ábalos ha iniciado contactos con la Fiscalía para cerrar un acuerdo de colaboración que le permita rebajar su situación judicial. Y lo hace, además, después de romper de forma definitiva con su antiguo jefe, José Luis Ábalos, y de posicionarse en una estrategia en solitario orientada a proteger a su entorno familiar: su exmujer y la hija que tienen en común y su hermano Joseba.

Este movimiento no es un detalle procesal. Puede ser un terremoto político. Porque Koldo ya no está atado por la lealtad al que fuera ministro de Transportes y hombre fuerte del sanchismo. Va por libre. Y cuando alguien va por libre en un caso de corrupción que salpica directamente a la sede del PSOE, los nervios en Moncloa se disparan.

Lo hemos anticipado ya en la declaración de Joseba García. Ante el tribunal reconoció sin ambages que él mismo recogió sobres con dinero en metálico en la sede federal del PSOE. No fue un lapsus. Fue un mensaje. Una demostración práctica de lo que la familia García sabe y, sobre todo, de lo que está dispuesta a contar si las cosas se ponen feas. Un aviso en toda regla.

La declaración de Koldo está prevista para el 28 de abril, en la recta final del juicio. Ahí se sabrá si realmente ha cambiado de estrategia y si está dispuesto a “tirar de la manta”. Si decide colaborar con la justicia y desvelar los entresijos de la trama que investigan los jueces, el daño para el PSOE y para Pedro Sánchez puede ser incalculable. Porque ya no se trataría solo de Ábalos, el ministro caído en desgracia. Se trataría de la propia financiación irregular del partido en el poder.

Sánchez, que siempre ha presumido de controlar hasta el último detalle, ve ahora cómo uno de los nombres más incómodos de su pasado más reciente se convierte en una bomba de relojería con cuenta atrás. Y el tic-tac se escucha cada vez más fuerte en la Moncloa.

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