Otro problema para Sánchez: Armengol podría perder su cargo e ir a la cárcel por mentir al Supremo
Mientras Sánchez graba vídeos para las redes sociales, ajeno a todo, el mundo a su alrededor se desploma: su mujer procesada, su hermano a punto de juicio, el PSOE investigado por presunta financiación ilegal… y ahora la presidenta del Congreso, Francina Armengol, retratada por un informe de la UCO que deja al aire sus vergüenzas, sus mentiras. El problema es que esas mentiras se han producido en sede judicial, en el Tribunal Supremo, y en sede parlamentaria, en la Comisión de Investigación del Senado. Y ahí las mentiras ya no solo son mentiras, son delitos.
El 7 de abril de 2026 Armengol declaró por escrito ante el Supremo que “nunca” intervino en contrataciones públicas, que “no estaba al tanto de ningún expediente” y que “no recuerda” haber hablado con Koldo García sobre los contratos de mascarillas y tests. Cuatro días después, el Informe de la UCO incorporado al procedimiento desmonta esa versión con decenas de mensajes suyos. “¿Me puedes ayudar?”, le escribe a Koldo cuando necesita hablar con el ministro. “A ver si lo puede arreglar”, le pide después. Le facilita el teléfono de su consejera de Salud y coordina con él “nuestra propuesta” ante Illa. Todo mientras la empresa que pagaba 10.000 euros mensuales a Koldo se llevaba contratos millonarios en Baleares.
Eso, jurídicamente, se llama falso testimonio. El Código Penal lo castiga con entre seis meses y dos años de prisión. Si el Supremo considera que su declaración fue relevante para la causa -y lo fue-, la cosa se pone aún más seria. Además, como presidenta del Congreso, incurriría en incompatibilidad sobrevenida: no se puede presidir la Cámara mientras se investiga por un delito contra la Administración de Justicia.
Sánchez ya no puede seguir mirando hacia otro lado. Su amiga y gran valedora está al borde del banquillo y, posiblemente, de perder el cargo. El “presi” que grababa vídeos este fin de semana acaba de recibir otro golpe directo en la línea de flotación. Y esta vez no viene de la oposición. Viene de sus propios chats.