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Otro fracaso de Sánchez: Europa le deja solo con su plan para romper con Israel

Refleja la creciente irrelevancia de un Gobierno que, en materia de política exterior, ha convertido el aislamiento en marca de fábrica

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.Fernando Calvo

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La Unión Europea ha vuelto a dar un portazo rotundo a Pedro Sánchez. Este martes, en la reunión del Consejo de Asuntos Exteriores celebrada en Luxemburgo, los ministros de los Veintisiete rechazaron la propuesta española -respaldada solo por Irlanda y Eslovenia- de suspender el Acuerdo de Asociación con Israel vigente desde el año 2000. La iniciativa, anunciada por el propio Sánchez en plena precampaña andaluza, buscaba castigar al Gobierno de Benjamín Netanyahu por su actuación en Gaza, Cisjordania y Líbano. Bruselas, sin embargo, ha dicho con claridad que no es el momento ni el instrumento adecuado.

La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, y los ministros de Alemania e Italia fueron especialmente contundentes. Johann Wadephul (Alemania) lo calificó de “inapropiado”. Antonio Tajani (Italia) advirtió que la medida “acabaría golpeando a la población civil israelí, que a menudo no tiene nada que ver con los hechos cometidos por los militares”. No se trata de un capricho: romper el acuerdo exige unanimidad, algo imposible cuando media Europa -incluidos socios tradicionales como Alemania, Italia, Hungría o República Checa- considera que la ruptura dañaría más a los ciudadanos que al propio Ejecutivo israelí y cortaría canales de diálogo imprescindibles.

Sánchez, una vez más, se queda solo. Su obsesión por liderar la vanguardia moral europea choca frontalmente con la realidad de un bloque que prioriza la estabilidad, el comercio y la seguridad frente al gesto propagandístico. El presidente español sabía que la propuesta no prosperaría -él mismo lo reconoció implícitamente al presentarla-, pero prefirió convertirla en titular electoral antes que defender los intereses reales de España.

Este nuevo fracaso internacional no es anecdótico. Refleja la creciente irrelevancia de un Gobierno que, en materia de política exterior, ha convertido el aislamiento en marca de fábrica. Mientras Sánchez posa de paladín de los derechos humanos, Europa elige pragmatismo: sanciones selectivas a colonos violentos o a responsables concretos, sí; ruptura comercial indiscriminada, no. Otra vez, Sánchez vende humo y Europa le responde con hechos. Y España paga la factura de su vanidad.

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