editorial
Sánchez, un año del apagón sin asumir responsabilidades: la impunidad es marca de la casa
Un año después, España sigue sin saber quién pagará los daños, quién falló y por qué nadie ha respondido. En el sanchismo, el caos no se corrige: se normaliza

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,
Hoy se cumple el primer año del gran apagón que dejó sin electricidad a toda España y el próximo 1 de junio será el octavo aniversario de la moción de censura que aupó al poder a Pedro Sánchez y sumió a nuestro país en la oscuridad política. Un tipo que a la luz de unos pactos inverosímiles, indignos e increíbles ha logrado hacerse con La Moncloa y permanecer allí, superando todo tipo de obstáculos gracias principalmente a su falta de escrúpulos que le permiten hacer cosas que nadie más haría. Ocho años de Sánchez que se han caracterizado por la falta de asunción de responsabilidades políticas. El apagón que provocó pérdidas millonarias ha quedado impune: nadie ha dimitido ni se espera ya que lo haga.
Doce meses después del mayor cero eléctrico de la historia de España, el balance es demoledor. Ni una sola dimisión, ni un solo cese, ni una sola responsabilidad política asumida por un Gobierno que prometió “llegar hasta el final” y acabó escondiéndose tras informes, comités ad hoc y una maraña burocrática diseñada para diluir culpas. El resultado es el habitual en el sanchismo: nadie responde por nada. Que le pregunten a las víctimas del accidente de Adamuz.
Los datos están ahí. El apagón causó un colapso económico con pérdidas que las estimaciones privadas sitúan en miles de millones de euros, mientras el Ejecutivo se afanó en rebajar el impacto y en desplazar la responsabilidad hacia operadores privados, pese a que Red Eléctrica es un organismo controlado políticamente por el propio Gobierno. Los informes oficiales concluyen que el fallo fue multifactorial, pero ninguno exonera al Ejecutivo de su responsabilidad última: garantizar un servicio esencial.
Lo verdaderamente grave no es sólo el apagón energético, sino el posterior apagón político e informativo. Sánchez anunció responsabilidades que nunca llegaron, habló de ceses que jamás se produjeron y volvió a demostrar que su concepto de rendición de cuentas es inexistente.
Un año después, España sigue sin saber quién pagará los daños, quién falló y por qué nadie ha respondido. En el sanchismo, el caos no se corrige: se normaliza. Y la impunidad, una vez más, vuelve a ser marca de la casa.