ESdiario

La encuesta innecesaria

La presidenta extremeña, María Guardiola, con el presidente de Vox en Extremadura, Óscar Fernández

La presidenta extremeña, María Guardiola, con el presidente de Vox en Extremadura, Óscar FernándezJorge Armestar / Europa Press

Creado:

Actualizado:

Los acuerdos de gobierno entre PP y VOX en las comunidades de Aragón y Extremadura han generado una polémica que, como era de esperar, el PSOE ha aprovechado para retratar la centroderecha de Feijóo como un adminículo de la extrema derecha de Abascal.

El argumento irrenunciable de VOX para la consecución de los pactos, incluido el posible en Andalucía, es la prioridad nacional. Para el Partido Popular “prioridad nacional” era demasiado contundente e inequívoco; por consiguiente, intentó suavizarlo con recursos eufemísticos y más políticamente correctos; es decir, al estilo de la izquierda woke. Este habitual recurso, que generalmente impele hacia la melancolía, sólo consigue que el PP baje la guardia y reciba la inmisericorde somanta dialéctica de la izquierda. Y es que cambiar “prioridad nacional” por “arraigo” no esquiva la arremetida zurda. A estas alturas el PP debería saber que, haga lo que haga y lo diga como lo diga, la izquierda jamás va a modular sus críticas cuando obtiene munición para desplegar su hipocresía populista.

Recientemente, el Partido Popular ha realizado una encuesta interna para conocer el alcance y las perniciosas consecuencias al aceptar un modelo de preeminencia de los españoles frente a los inmigrantes ilegales que pudiesen ser nacionalizados a “granel”, tal que así definió Feijóo. El resultado de la encuesta arrojó unos datos sorprendentes para el PP: tanto “prioridad nacional” como “arraigo” nunca iban a penalizarle electoralmente. Todo lo contrario. Para mayor abundamiento, aparece un porcentaje del 40% de socialistas consultados que están de acuerdo en aplicar esta iniciativa que, además, consideran habría de obtener un amplio respaldo social.

Lejos de entrar en las motivaciones y el recorrido legal, ya sea la prioridad nacional o el arraigo, lo más inquietante desde mi punto de vista es la aparente escasa convicción del Partido Popular para mimetizarse con su electorado. ¿De verdad ha sido necesaria una encuesta para que se convenzan?

La solución para los devaneos ideológicos de la centroderecha sería pensar igual que piensa un votante del Partido Popular o de VOX. Es así de sencillo. Para que el PP gane las elecciones sólo tiene que mostrarse y comunicarse como lo haría un entusiasta votante del PP. Parece una perogrullada; pero es que, a veces, algunos dirigentes populares muestran serios indicios de no saber a qué partido votan. Tanta caución y equidistancia en asuntos de capital importancia no se interpretan como un ejercicio de responsabilidad en innumerables procesos reflexivos. Hace falta más claridad y determinación, especialmente cuando la inminencia de procesos electorales dirime decisiones gracias a discursos prístinos y sin alambicados eufemismos.

El encargo de una encuesta interna para conocer el grado de aceptación de la prioridad nacional o el arraigo denota un evidente desconocimiento de los intereses del público objetivo. La marca Partido Popular no puede entretenerse en prospecciones de lo que ha de saber le son certezas consustanciales con la ideología que sustenta. El PP no es un partido advenedizo que aún no sabe por dónde van los pulsos de su masa electoral. Estas indagaciones sociométricas, tan innecesarias como inquietantes, producen desasosiego en el electorado, que podría preguntarse si a estas alturas el PP no sabe lo que sus votantes quieren, lo que defienden y lo que apoyan sin ambages.

Transitar la senda de la política en España se ha convertido en un légamo que impregna con lo menos edificante para una sociedad que clama por la limpieza y un atisbo de esperanza. Es necesaria la sinceridad y la simbiosis con ciertos sectores de la sociedad, huérfanos de representación política.

La dichosa encuesta evoca inseguridad e indefinición. Quizá se trate de un ejercicio de cobertura para afianzarse en una decisión que al PP le costaba enarbolar sin un numeroso y entusiasta apoyo de sus bases. Era -insisto- innecesaria a la vez que delatora de unos prejuicios que le estigmatizan en la inapelable persecución de sus “maricomplejines”.

Hubiese sido mucho más sencillo imaginar qué sucedería en el seno de una familia normal de ciudadanos españoles. Por ejemplo: Votemos si estamos de acuerdo en una regularización masiva de inmigrantes ilegales. Votemos si no es necesario incidir en antecedentes penales y policiales. Votemos sobre el tumultuoso, sobrevenido e igualitario acceso a la sanidad, la educación, la vivienda y otros servicios sociales. Votemos sobre la permisividad en la okupación de viviendas. Votemos sobre un periodo de cinco meses para afianzar un plausible arraigo. Votemos…

Esperemos que el PP no dé a conocer esta encuesta como justificación para adherirse -ya sin miedos- a los principios de “prioridad nacional” y “arraigo”. Exhibir estos resultados no se entendería como un refrendo, sino la evidencia de una débil convicción que, al contrario, debería estar bien asentada en la ideología popular. En definitiva, una encuesta innecesaria.

tracking